¡Aún no!…, aunque cualquier semejanza con algún caso de actualidad o pasado es involuntaria y pura coincidencia.
¿Cómo hizo el gallo viejo para competir con éxito con los gallos jóvenes que llegaron sucesivamente al gallinero?
Un granjero sale de compras y regresa con un gallo joven para darles servicio a las gallinas del gallinero.
El gallo joven recién llegado mira a su alrededor, se dirige hacia el gallo viejo y le dice un tanto altanero: “Bueno, viejo, llegó la hora de la jubilación”.
El gallo viejo arguye: “Vamos, aunque seas joven, no me digas que vas a poder con todas estas gallinas. Mírame y ve cómo me han dejado estas condenadas e insaciables a lo largo de estos años. Déjame por lo menos aquellas dos gallinas viejas que están allá por el rincón.
El joven gallo engreído —es particularidad de su edad serlo— le contesta: “Perdete, viejo, ahora soy yo el que aquí reparte la mantequilla”.
El gallo viejo insiste: “Te propongo lo siguiente para dirimir el asunto: vamos a echar una carrera alrededor de la finca. El que gane se queda con el control absoluto del gallinero”.
El gallo joven se echa a reír: “Vamos, viejo, tú sabés perfectamente que vas a perder. Pero para no ser injusto contigo te voy a dejar salir primero”.
Dicho y hecho, el gallo viejo comienza a correr. Al momento lo sigue el gallo joven como un bólido…, ya se acerca…, ya está a poca distancia de un gallo viejo, cada vez más lento, más cansado.
Mientras tanto el granjero sentado en su sitio habitual en el portal de la casa patronal observa a su nueva adquisición corretear al gallo viejo. Agarra su escopeta, apunta, le dispara al joven gallo haciéndolo papilla… mientras que el gallo viejo cruza triunfalmente la meta aunque a penas y a punto de infarto.
El granjero sacude tristemente la cabeza y exclama: “¡Pero vaya suerte la mía… es el tercer gallo maricón que me venden este mes!”.
Moraleja: No te metas con los mayores. Su edad, las canas, cuando aún las tienen, y su astucia matrera sabrán ganarles la partida a los más jóvenes…, aunque… ¿será?
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