¿Cómo trabajan los bancos… y las inversiones financieras? 

El Premio Nobel de Economía ha sido otorgado a tres prestigiosos académicos: Ben Bernanke, Douglas Diamond y Philip Dybvig. El primero es el más conocido por haber combinado su ejercicio académico en Stanford con la tarea de estar al frente del banco central más importante del mundo en la crisis financiera del 2008-2008.

Tan distinguida tríada pasó décadas de su vida estudiando cómo trabajan los bancos, y por extensión las instituciones financieras y los mercados de su tipo. De acuerdo con interesante análisis del pasado 10 de octubre, efectuado por The Economist, en torno a los resultados de sus investigaciones, resalta una advertencia: si bien los bancos son cruciales para el circuito económico, los mismos también son peligrosos. Se requiere de un amplio espectro de regulaciones y de la presencia de seguros para ahorrantes y principalmente de un banco central, prestamista en última instancia.

A pesar de que a uno lo acusen de obsoleto o de desconocer los complejos ambientes de la digitalización del mundo de hoy, pareciera que tal premio es una nueva señal para lo que se está observando con la debacle de las inversiones en criptomonedas, de las que tanto se jactan sus vendedores e inspiradores tecnológicos, de ser un vehículo de libertad (¿o libertinaje?) y de práctica descentralizadora, fuera de los entornos gubernamentales o como también se les llama despectivamente: “políticos”.

El tema es por demás importante porque ahí están de nuevo los del ambiente del banco central introduciendo en la agenda legislativa una iniciativa de ley para otorgarle al Banco de Guatemala el papel de prestamista en última instancia, luego de que en las reformas de principios de siglo muy gallitos los de tal ambiente pensaban que era tan solo con un seguro sobre depósitos que se las podían batir.

Con la crisis del BANCAFE tal seguro se puso flaco, dado que fue parte de un aporte estatal cuya fuente consistió en un préstamo con el Banco Mundial y por supuesto aportes diversos con fondos públicos y una parte pequeña de los bancos privados por supuesto. Pero ahora se necesita de más fondos en virtud de que las quiebras bancarias dejaron un tanto despellejada tal cobertura, y es entonces cuando quiere recurrirse de nuevo a papá Estado; es decir, otorgarle de nuevo el papel de prestamista en última instancia al Banco de Guatemala.

Utilizando esa expresión prestada de mi buen amigo Óscar Clemente Marroquín: son entonces “tortas y pan pintado”, todo aquello del libertinaje de las inversiones financieras y su descentralización a través de blockchains y toda esa parafernalia de la economía digital. Si me dicen obsoleto por ello, pues bienvenida la etiqueta, porque el mensaje de la distinguida academia sueca, otorgándole el Nobel a Ben Benanke es precisamente parte de tal advertencia.


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Author: Maria Suarez