Mientras los sabios criollos encuentran el camino que nos lleve al Estado utópico de la opulencia, la vida se desvanece predicando en el desierto como un santo moderno con el rumbo equivocado, haciendo calistenia para ir pasando el agua y no mojarse. Como sabemos, Haití y Guatemala tienen la tasa tributaria más baja de América Latina y quizá del mundo. En pocas palabras, significa que la recaudación de los ingresos tributarios respecto al Producto Interno Bruto (PIB) es mínima. Y si se agrega el deporte nacional de evadir impuestos y la elusión fiscal, los gobiernos la pasan canutas para cumplir sus obligaciones sociales. Para apaciguar los ánimos, deberían diseñar una reforma tributaria modernizando la administración del sistema, y un aumento sustantivo de la recaudación, sin afectar la producción y la inversión que no pasa de zope a gavilán, por ausencia de reglas claras y seguridad jurídica según el cuento que cuentan, olvidando que en China no existe nada de lo que aquí exigen, captando billones de dólares sin tanta bulla. La evasión de impuestos y la elusión anual según Pepe y Polita, asciende a más de Q10 mil millones, permitiendo ir a Marte y averiguar si aceptan colonos y los políticos vayan a organizar 800 partidos con 5 mil afiliados mínimo, financiados por Lucifer. Y al ver que hay de piña para la niña, seguro se quedan felices sin dolor ni recelo huyendo de este pueblo cruel, que no los valora…
La política monetaria cambiaria y crediticia tampoco es un lecho de rosas, hay mucha tela que cortar. En el país de la eterna jodedera, las políticas que velan por el bien común también se las clavaron, floreciendo alteraciones artificiales inducidas por interesados que el statu quo siga otros 100 años, con cambios cosméticos. Para citar un caso, el comercio organizado afirma que el régimen cambiario de flotación flexible afecta sus intereses al distorsionar el Banguat el mercado de divisas, fijando el tipo de cambio quetzal-dólar (precio) a una tasa artificial ajena a la oferta y la demanda, causando además elevadas pérdidas cambiarias que deben publicar, y saber cuánto cuesta el baile. De modo y manera que, por esa y otras razones, el remedio es que el dólar sea moneda de curso legal similar a Panamá, beneficiando a millones de familias receptoras de remesas con más capacidad de compra por su poder adquisitivo y pagar menos comisión. También se benefician la exportación de bienes y servicios, el comercio y el país, debiendo capear la oposición de un sector poderoso. Es un injerto difícil pero hay que hacerlo, la democracia exige modernizar el Estado y que prosperen los pueblos, accediendo a un mejor nivel y calidad de vida, sin dejar solo residuos de un derrame utópico y dañino predicado por una minoría integrista.
La inflación importada por la invasión de Ucrania y la especulación implacable provocada por un estornudo de Putin o de la OPEP, afecta a todo el mundo. Una opción para atenuarla es adoptar un modelo tipo Panamá mejorado, implementando —guardando la distancia— regulaciones y políticas similares a las de la Reserva Federal en EE. UU. Los poderes poderosos enredan las cosas más de la cuenta, escondiendo verdades sumergidas en el tiempo y son más papistas que el papa, incluidos algunos conspicuos asesores, haciendo válido el aforismo de que el esclavo es peor que el amo. En todo caso, alguien tiene que pensar que la explosión demográfica exponencial nos llevará al infierno y no es posible negar la escasez mundial de recursos renovables o no, ni desaparecer por arte de magia las necesidades básicas de la sociedad que no se atienden como es debido, por ser lo que somos. Es decir, no se puede pedir peras al olmo esperando que surja un De Gaulle, y lidere pueblos que no digieren la democracia ni la aprecian por ignorancia inducida o por pendejos. Quizá lo mejor es diseñar un proyecto democrático llave en mano y entregarlo con un dron, como hace Amazon. Joya. Las cicatrices psicológicas mal curadas sobreviven durante generaciones…
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