A manera de Jorge Luis Borges, también imagino el Paraíso como una gran biblioteca. Mejor aún, como una infinita feria de libros. Donde caminar por los linderos de la metáfora nos vuelva invencibles. Donde la poesía retome su rumbo indispensable y garantice la existencia del corazón. Donde la endeble melancolía del papel nos acompañe hasta el cansancio. Donde acariciar sílabas y consonantes sea tan natural como un guayabal en mediodía. Donde “colorín colorado” sea parte de cada principio…
Mañana, Filgua regresa a la presencia, recupera los abrazos. Desempolva las miradas. Acercamientos con escuelas, con esa niñez tan ávida, con libreros, músicos, oradores, escritores, con situaciones dignas de amparo y resguardo, nos esperan a puertas abiertas. Nos garantizan ese sentido de pertenencia que muchas veces pernocta vacío.
Ese pequeño objeto gordo o escuálido; erguido o jorobado; alto o chaparro; cubierto o desnudo; parco o colorido llamado libro es infinitas posibilidades. Lunas de papel blanco, flores amarillas, amores inevitables, muertes celestes. Puente entre la vida y el sueño. Cúmulo de placeres. Porque perderse en una feria del libro es el delirio más suculento y lapidario. Como un suntuoso laberinto.
Cuando un niño se siente amenazado por las sombras de un fantasma indigente, no hay mejor cura que un buen libro para ahuyentarle los temores. Cuando un enfermo se ve condenado a tiempos prolongados de reposo, no hay mejor alivio que una buena novela. Cuando un anciano está devastado, relegado al otoño de los recuerdos, no hay como una buena historia hecha página. Cuando un enamorado sufre el abandono, no hay como regar con lágrimas la poesía.
Y cuando un pueblo está agobiado, asfixiado por el desaliento de la exclusión, amordazado por el silencio, por el dolor sistémico que producen frustradas, insistentes decepciones, no hay como un buen libro que reivindique su memoria.
En la Filgua, esta vez dedicada a la maravillosa editora, promotora y fomentadora Irene Piedra Santa, convergen posibilidades. Impredecibles escenarios; constelación de palabras. Pequeños mundos recostados en refugios para ser leídos. Culturas vivas que expresan su diversidad. Atributos pródigos de una sociedad con ansias de bienestar. Con ansias de subsistir.
Perdón que insista, pero la decimonovena edición de la Feria Internacional del Libro en Guatemala retoma la presencia, recupera corredores y estanterías, desenvuelve artes: visiones sensibles del mundo. Materias, imágenes, sonidos. Emociones, percepciones, ilusiones. Ficción. Arte para un corazón colectivo. ¡Construye paz! Pues bienvenidos somos a semejante espacio franco para intercambiar ideas sin restricciones, sin muros, sin talanqueras. Porque ahí somos libres de ser palabra. Libres de revivir el abrazo.
P. D.: Investigue el fantástico programa, descubra grandes sorpresas. Y ahí nos vemos, porque la feria: es nuestra.
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