Existen espacios de libertad que son el resultado de prolongadas luchas, de mucho trabajo y de una convicción inquebrantable. Filgua, la Feria Internacional del Libro de Guatemala, es uno de esos espacios.
No se requiere mucho para apoyarla. Debemos asistir a la feria, interactuar con la gente, escuchar debates y comprar libros. Durante dos años Filgua solamente pudo ser virtual, pero ahora será presencial. Y estaremos en presencia del personaje principal de la feria: el libro. Pero también podremos interactuar y conversar con gente que hace tiempo no veíamos de cerca, escucharla y reflexionar. En momentos en que se cierran o desprestigian los espacios de lucha política, se marchitan trayectorias de acción social y se cooptan esferas universitarias, es un privilegio contar con un espacio público como Filgua.
A lo largo de varios años hubo intereses opuestos a Filgua. Incluyeron a algún empresario que quiso asegurar un control del mercado de libros para poder cobrar precios más altos, al aprendiz de dictador que percibía que nuevas ideas podían erosionan el dominio de un pensamiento neocolonial anquilosado que se nutre de la ignorancia, y al diputado mediocre que para quedar bien con sus jefes buscaba condicionar políticamente el modesto aporte presupuestario que financiaba una pequeña parte de este evento. Pero con convicción, capacidad y constancia los editores que están impulsando Filgua han sorteado exitosamente todos estos obstáculos y muchos más. Y una amplia multiplicación de escritores nacionales con aportes literarios, humanistas y científicos alimenta este banquete de ideas, libros y debates.
No solo el contexto nacional justifica darle gran relieve a Filgua y aprovecharla. Las amenazas y ataques a la democracia cobraron fuerza en Centroamérica, como lo evidencia el asedio a elPeriódico. Pero también se debilitaron las amenazas populistas de Le Pen en Francia y de Bolsonaro en Brasil. Prevaleció el pluralismo democrático en América del Sur. Fue evidente la poca efectividad de los regímenes autoritarios de Putin ante su fracasada invasión de Ucrania y de Xi ante su errada política para enfrentar el COVID en China. En Estados Unidos fuerzas radicales asociadas a Trump no pudieron cooptar a la democracia.
Nuevas ideas corren desbocadas por el mundo. Las crisis económicas asociadas al descalabro financiero de 2008-9 y a la pandemia en 2020-21 terminaron con la dominación del simplista paradigma neoliberal, y abrieron espacios de libertad para críticas y nuevas propuestas.
El mundo cambia. Hay que entenderlo, aprovechar lo que ofrece y ampliar los espacios de libertad. Persiste el interés de muchísimas personas por leer para comprender e imaginar otros mundos. Corresponde aprovechar la lectura y no ser una víctima inconsciente de un pensamiento neocolonial anquilosado que busca perpetuar la ignorancia y así eternizar el orden jerárquico y desigual en nuestro país. ¡Todos a Filgua!
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