Tengo 96 años y me creo obligado en algún momento a decir adiós.
No lo hago con gusto porque todavía quisiera ser parte del diálogo mundial, y mucho más del familiar y el muy personal que creo conocer muy bien.
Pero es otro quien decide por mí en estos momentos. Y no me queda otra que aceptarlo.
He tenido una vida muy intensa, gracias a Dios. En otras palabras valió la pena a mis ojos esta excursión a mi juicio demasiado corta por el planeta de mis más lejanos antepasados.
Me despido con la impresión de que vale la pena pasar por este mundo que Dios nos ha reservado. No espero otro que este en el que he vivido por casi todo un siglo. La salvación eterna es otro tema que me resulta imposible discutir, pero en la que firmemente creo y agradezco.
Mis deudas con muchísimos seres humanos son simplemente impagables. Pero me alegro haber incurrido en todas ellas porque de lo contrario no hubiera vivido una existencia tan humana y tan esperanzadora.
Creo que vale la pena pasar por este mundo, vivir unos años consciente, aprender no sé para quién pero sí sé a beneficio de quien.
Estoy muy agradecido a la inextinguible memoria de mis padres, mis abuelos y demás portadores de mi misma sangre. Es una realidad maravillosa a la que eternamente quedo agradecido.
No menos a tantos otros, a quienes tanto debo y deberé agradecido por siempre. Mucho más a quienes ya no me queda por agradecer porque tampoco me resta por merecer.
La vida es un evento maravilloso con paréntesis algunos que no hubiéramos querido tener que recordar.
A mi esposa, a mis hijos, a mis nietas, a todos mis descendientes que quisiera estrechar uno por uno un abrazo sin fin, siempre desearé volverlos a abrazar.
No tengo enemigos que no pueda perdonar pero sí recuerdos cuya amargura tampoco puedo borrar. Quede todo a la disposición del Creador.
En resumen me voy con el alma llena de gratitud con algunos recuerdos que nunca hubiera querido haber tenido, con algunas ilusiones que jamás hubiera querido haber perdido, con otras certezas que me han hecho tan sabio ahora, al final.
Me siento muchísimo obligado a heredar pero no menos a agradecer. Y en este sentido también a celebrar.
No me queda nada doloroso que no pueda perdonar aunque retengo algunas memorias que quisiera poder olvidar por toda la eternidad.
Quedo agradecido a quienes me han abierto las puertas de ese diario y de muchísimos otros que han acogido lo que se me ha permitido publicar, manifestar o compartir con muchos otros más.
Me siento muy empequeñecido y extremadamente gozoso por tanto que he aprendido y que todavía recordaré.
Puede ser que Dios nuestro Señor me permitirá aún unos años de sobrevivir a mi creación.
Por todo ello y por lo mucho bueno que me hubiera tocado vivir de haber sido mejor persona, quedaré siempre a todos muy agradecido.
En la sección de Opinión se publican columnas como contribución al debate público, las cuales son responsabilidad exclusiva de su autor y no representan la visión de elPeriódico de Guatemala o la de su línea editorial.