Despedir al hermano mayor

Mi hermano Marco Vinicio nace al mundo entre el alborozo de mi madre y rumor de naturaleza. Era la primera mitad del siglo XX. Un entorno de bosque y arroyo atestiguó el acontecimiento. Allá, en plenos Cuchumatanes. Los primeros tanes fueron en la ciudad de Huehuetenango. Marca indeleble, que añoró toda su vida. En aquellos climas a la vez fríos y benevolentes, surgió su voz y palabra, instrumentos básicos de su pasión: la comunicación radiofónica. A ello dedicó la vida entera. Sus estudios universitarios fueron derecho y periodismo. Predestinado para comunicar desde lo etéreo de la radiodifusión. Lo hizo hasta el último momento. Siempre en la descripción de hechos políticos, sucesos, análisis, deportes. En su juventud entró a la radio… para nunca salir. 

Fue ya en esta ciudad, en la Voz de la Eterna Primavera, sus primeros amores con el micrófono. Luego en la juvenil 5.60. Para ir al Independiente Voz y Corazón del Pueblo, en la Nuevo Mundo. Hasta sus andanzas en fútbol y ciclismo, en Radio Sonora. Maestro de ceremonias ad infinitum. Ahora debo comunicarles que aquella voz tomó un descanso. Cerró micrófonos, puso música de fondo: marimba añeja de Huehuetenango. Un poco de copal. Sonrió y derramó una lágrima. Una sola. No perdió la serenidad y se transformó en onda sonora. No abandonó el oficio. Eso nunca. Menos a la familia. A Virginia su esposa, hijas, su adorado Vinicio. El Junior. No, solamente se hizo sonido de cosmos. Estará jugando a las escondidas en los Cuchumatanes. Persiguiendo los sabores del Huehuetenango querido: sus chorizos, los insuperables chicharrones, unas manías y una su “platada” de frijol negro de Parramos, siempre estuvo convencido que es el mejor del mundo y así lo propalaba. De aquel aprendí muchas verdades. Con Maco —así le llamábamos en casa— nos une una vida. Buenas y malas. El hermano mayor. El que vela por la familia. El puntal de los padres. Aquel fue especialmente el sostén de mi madre, su paño de lágrimas. El apoyo del viejo. Al que se consulta. El bravo. El jodón. La síntesis de una vida. Va ahora abrirnos camino de nuevo. Ese es su sino. Los viejos le necesitan. 

 En este recodo, en donde toca despedirse, vamos a tomar aliento, habrás visto la valentía de tus hijas. La fortaleza de roble con jazmín de Virginia y la lágrima de los hermanos. Juntos nos haremos fuerza. Hasta pronto, hermano. Continuaremos escuchando tu voz en la noticia, pero muy especialmente en la calidez de tu casa. La vieja casa de nuestros viejos. 


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Author: Maria Suarez