Discurso del odio

Horas antes que por fin se supiera la noticia que Elon Musk habría adquirido por 44 billones de dólares a Twitter, él mismo había escrito una carta abierta a los anunciantes, reiterando que no deseaba que dicha plataforma se convirtiera en una especie de “infierno gratis para todos” (free-for-all hellscape).

Sin embargo, ese intento por dar tranquilidad a la industria de la publicidad, fue pronto oscurecido durante los primeros días de Musk como propietario de la red social. Dentro de las primeras 24 horas de ocurrida finalmente la adquisición, los comentarios racistas, el discurso del odio y otros contenidos reprochables aumentaron significativamente en Twitter.

Al parecer, fue una forma de probar si era cierta o no la promesa del magnate de permitir la libre expresión (free speech) en la plataforma. 

Particularmente, el noticiero CBS News (cbsnews.com) reportó el 2 de noviembre pasado un “inmediato, visible y medible repunte” del discurso del odio en Twitter tan pronto el magnate tomó finalmente control de la compañía propietaria de dicha red social.

Investigadores de la Universidad Estatal de Montclair constataron que en las 12 horas inmediatas después a la ascensión de Musk , se manifestó un ambiente mucho más hostil en Twitter. Al hacer una búsqueda de ciertas palabras clave, encontraron el innegable aumento de retórica vulgar y hostil por motivos raciales, religiosos o de orientación sexual. 

¿Qué motiva el discurso del odio en las redes sociales, particularmente, en Twitter? ¿Qué factor hace “desatar” los impulsos de la injuria, la ofensa y el desprecio? ¿Será la virtualidad la que envalentona o enciende ese impulso hacia el insulto?

Todos nos hemos vuelto “comunicadores” en esta era de la digitalización. Basta con tener un aparato móvil con acceso a las aplicaciones o plataformas, para transmitir al mundo entero nuestras convicciones, y también, las reacciones e impulsos que provocan los acontecimientos diarios.

Pensé que podría ser conveniente, dado ese innegable hecho de la masificación comunicacional, buscar si existe una especie de código deontológico o ético de los comunicadores.

Y encontré que en la página web de Fundación Gabo (www.fundaciongabo.org), se explica que el código ético de los comunicadores es, en esencia, el mismo que rige a los periodistas, solo que el núcleo, en vez de ser el compromiso con la verdad, es el deber de comunicar, entendido este como el de informar (ojo; no de “desinformar”). 

Quizás entonces, la idea central desde el punto de vista deontológico de las obligaciones del comunicador estriba en la dignidad humana. Es el principal valor que debe respetar, defender y difundir un comunicador.

Materializar el discurso del odio con ataques a la dignidad de una persona por medio de insultos, más aún cuando se basan en motivaciones raciales o étnicas, sexuales, religiosas, ideológicas, etc., es entonces automáticamente la negación misma del comunicador. El discurso del odio es la antítesis de la comunicación. 


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Author: Maria Suarez