No acudo acá a elaborado concepto de especializado diccionario político. No. Escucho a la voz originaria. Al pueblo tz´utujil, que recién dio una lección de democracia directa a esta sociedad amorfa que sobrevive atenazada por los cuatro costados: entre politicastros, empresarios, mafiosos y militares o una simbiosis de aquello. Somos territorio y sociedad en permanente deterioro estético, humano y ambiental. En este país el latrocinio es la divisa. Frente a la barbarie, es dulce el sonar de la voz del pueblo tz´utujil. Ya en 2016 San Pedro La Laguna prohibió el uso de bolsas, pajillas de plástico y artículos de duroport. El mundo se sorprendió frente a esta audacia de futuro. Hubo difusión mediática de cobertura internacional. Esta sociedad guardó silencio, gobierno central atolondrado, amenazó con revertir la decisión. Idiotismo gubernamental así expresado.
Cámaras empresariales: de Industria, fabricantes de plásticos y Asociación Guatemalteca de Exportadores, velando por sus estrictos intereses dinerarios, se opusieron a la decisión del municipio. Las acciones de estas entidades sintetizan el arcaico pensamiento empresarial, basado en la avaricia. La humanidad les importa poco y si esa humanidad es indígena aún más. Racismo inveterado. El constitucional no ordenó derogar la medida. Es un orgullo para los sampedranos. Sin embargo, la medida es limitada para salvaguardar los medios de sustento del pueblo tz’utujil. El lago de Atitlán pilar en ello. Así que, frente a indolencia y apatía social, una acción audaz, poética y sin violencia: pobladores de San Pedro La Laguna llegan, somatan la mesa de los poderes, y dejan claro, sin atenuantes, quién es responsable de la muerte lenta del lago de Atitlán y sus habitantes: los industriales. Aquellos que lucran envenenando las aguas. Con enorme dignidad, vinieron “a impugnar la racionalidad de la industria del plástico, que ha tratado de invisibilizar su responsabilidad socioambiental en la cuenca de Atitlán”, colectivo de mujeres tz’unun ja. Toda una lección de ética. La “industria” en su racismo intrínseco habló de manipulación. Les es imposible reconocer el alto nivel de propuesta y amor por la vida del pueblo tz’utujil. Se niegan a escuchar. Es su forma de invisibilizarlos. No importa, esta gesta ha calado hondo en la aún adormecida conciencia social.
No es casual que en la gesta afloraran gustados lemas populares: CACIF, basura, vos sos la dictadura o un futuro sin CACIF. Queda claro, la dictadura se expresa diversa: en la impune depredación ambiental. Cierre del espacio político. Criminalización de los justos. Cárcel al intelecto. El común denominador es el celador: un ejército lacayo. Al servicio del opresor.
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