Hay quienes tienen una visión casi religiosa de la relación entre los ingresos y gastos del Estado. Consideran un pecado tener gastos mayores que los ingresos. No reconocen que la gestión y determinación de esa brecha, o déficit fiscal, y del crédito público que genera, es parte normal de la política fiscal. La ignorancia o el deseo de encadenar al Estado los hace divulgar dos mitos falsos.
El primer mito es considerar que cualquier aumento del déficit fiscal contribuye a la inflación. Pero hay emergencias, como la pandemia del COVID en el 2020, o la crisis financiera de 2008-9, que puede provocar una contracción severa de la actividad económica privada. En esos casos se justifica un aumento transitorio del gasto público, como transferencias para los hogares más pobres, para compensar la reducción de empleos e ingresos de mucha gente. Se hizo en Guatemala en 2009-2010, cuando el déficit fiscal aumentó a algo más del 3 por ciento del PIB, y se volvió a hacer en 2020, cuando aumentó al 5 por ciento del PIB. No hubo aumentos significativos de la inflación, porque el gasto público solamente compensó la menor actividad privada, de manera transitoria.
Diferente es Estados Unidos, donde Trump aumentó el déficit fiscal al 20 por ciento del PIB en 2020. En el 2021 se redujo, pero todavía fue elevado, equivalente al 12 por ciento del PIB. Contribuyó, en retrospectiva, a un aumento excesivo de la demanda en Estados Unidos. Combinado con interrupciones en las cadenas de suministro y con el alza de precios de combustibles y alimentos, provocó un aumento fuerte de la inflación. En Guatemala, en cambio, la mayor inflación no se debe al aumento del déficit fiscal, que en 2021 fue de apenas 1.2 por ciento del PIB. El aumento de los precios de combustibles y alimentos importados, y un incremento transitorio de fletes que encareció las importaciones, son la explicación principal de la inflación en Guatemala en 2022. No fue el déficit fiscal.
El segundo mito es considerar que cualquier gobierno de izquierda es populista y gasta mucho más de lo que obtiene como ingresos. Aparte de Trump, otro presidente que aumentó escandalosamente el déficit fiscal fue Ronald Reagan, conocido por sus credenciales de derecha. Contrastan con ello los esfuerzos de gobiernos de izquierda en América Latina por mantener sus finanzas públicas sanas. Están combinando el control del gasto, como se ha estado haciendo en México, y aumentos de los ingresos, como lo pretende Chile. Se acaba de aprobar una reforma tributaria que le permitirá al gobierno de Petro en Colombia contar con 4 millardos de dólares adicionales por año. Tendrán que pagar más impuestos las empresas petroleras, hidroeléctricas, financieras y productoras de carbón, así como las herencias, dividendos y el patrimonio, a lo cual se unen impuestos aplicados a la comida chatarra. Buscan reducir el déficit heredado del gobierno previo, de derecha, y financiar programas que contribuyan a la paz social.
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