El cáncer de nuestras instituciones, la causa y su posible curación

El cáncer: 

No puede funcionar una democracia representativa —y, así, todas sus instituciones— si el elector no se percibe —ni está— representado en el Congreso, institución que aprueba el presupuesto (presupuesto de todos los ingresos y gastos del Estado) elabora y aprueba las leyes y elige a los más altos jueces. 

¿Qué ingresos y gastos quisiera en el Estado usted, que es el elector? ¿Qué leyes quisiera? ¿Qué clase de jueces? 

No sabe usted, ni tan siquiera, quién es su diputado.

¿Quién es su diputado? 

Y si usted, el elector, no sabe quién es su diputado, ¿cómo pretende que sus intereses, sus principios y valores estén representados en el presupuesto, las leyes y los jueces? 

Si usted, el elector, no sabe ni siquiera quién es su diputado, ¿cómo podría sancionar su buen o su mal desempeño? 

Es el el Congreso la clave determinante del correcto funcionamiento de todas las instituciones: Si aprueba un mal presupuesto

  • no representativo —será un mal presupuesto el que ejecute el Presidente—; si malas las leyes —tampoco representativas— malas serán las leyes aplicarán los jueces y, si elige malos jueces, malos los jueces. 
  • El diputado, puesto que el elector no puede sancionar su buen o su mal desempeño —desconocedor, incluso, de quienes son sus electores— visto usted y los demás, como una simple masa —actúa a la libre, impune, sin vínculo alguno con sus electores—. 
  • Este es el cáncer que sufren todas las instituciones del Estado y que determina su fracaso, fracaso que incide en lo social y lo económico. 

La causa: 

Causa este cáncer —terminal— la forma en que se elige a los diputados que integran el Congreso de la República, forma que establece el artículo 157 de la Constitución: 32 diputados electos por lista nacional y el resto, hasta 160, por distritos inmensos, cada departamento un distrito, salvo el de Guatemala que tiene dos, igual de inmensos, lo que también determina listas distritales: 19 por municipios del departamento de Guatemala, 11 por Ciudad de Guatemala; 10 Alta Verapaz, 9 Huehuetenango, 8 San Marcos (estos 8 representan intereses tan diversos como los de Ixchiguán (altiplano) y Ocós (mar), Quetzaltenango 7, Escuintla 6 y, así, listas y listas: Diputados que representan a todos: La mejor forma de que no representen a ninguno. 

Y, así, presupuesto, leyes y jueces que no representan los intereses, principios y valores de sus electores. 

La solución: 

Reformar el artículo 157 de la Constitución (la forma de elegir diputados) y elegirles por distritos pequeños, distritos de aproximadamente 60 mil votantes; 160 distritos en los que cada distrito elige un solo diputado (es electo el candidato que obtiene más votos —nada de distribuciones raras—); se les elige por dos años nada más (un pie adentro y otro fuera del Congreso). El que lo hace bien, será reelecto ( su premio). El que mal, echado por sus electores (su castigo). 

No se elige suplente. 

Se inscribe como candidato quiera serlo, sin necesidad de que le inscriba un partido. (Con ello termina el monopolio de postulación que tienen los partidos). 

Hecho el cambio, tendremos un Congreso en el que el elector se sienta —y esté representado— y, así, representativos de los intereses, principios y valores del elector, serán el presupuesto, las leyes y los jueces. 

Pondría concluir ya esta columna, pero agrego que el cáncer a exterminar ha determinado también la “justicia” pendular que nos aqueja, dependiente la “justicia” de quién tenga la sartén por el mango, vicio que debemos superar de inmediato, sin esperar la reforma del artículo 157 de la Constitución, la causa última del cáncer institucional —causa que no vemos o que no queremos ver, tal y como no vemos o no queremos ver que la “justicia”pendular, no es justicia—.

¿Qué más soluciones o preferimos, tan solo, seguirnos lamentando? 

Un paréntesis en ‘elPeriódico’ impreso , “herido, pero no de muerte”. Amén.


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Author: Maria Suarez