Nada se pierde, todo se transforma. Esta frase del químico Antoine Lavoisier es una especie de mantra para los grandes acontecimientos y para las cuestiones cotidianas. Es, por ejemplo, la frase que adorna el coro de una de las mejores canciones del gran Jorge Drexler. Y es, también, la frase que me ha permitido afrontar estos meses con resiliencia, pues son precisamente los cambios que estamos atravesando en ‘elPeriódico’ los que me llevan a publicar hoy mi última columna en la edición impresa de este medio.
Si están leyendo esto en papel, sabrán que esta es la última edición impresa de ‘elPeriódico’. El medio cierra su producción en papel, afianza su estrategia digital y seguirá viviendo a través de las nuevas plataformas. La razón no es secreto: ha sido un ‘annus horribilis’. Nuestra redacción ha sido invadida y los periodistas que intentamos ejercer esta profesión con decencia e integridad seguimos siendo asediados, intimidados y espiados. Han intentado silenciar a nuestro presidente con cárcel, enviando así un mensaje de terror a toda la prensa independiente. El gobierno presiona a las empresas que pautan con ‘elPeriódico’ para que dejen de hacerlo y sus equipos de ‘netcenters’ y aliados de extrema derecha intentan humillar a sus colaboradores en redes sociales. Además, las instituciones han sido tomadas; no hay un MP confiable ni Justicia pronta y cumplida.
Pero no solo han sido los ataques de este gobierno nauseabundo los que han motivado esta migración digital. También son los tiempos. El modelo económico sobre el que se sostenían los medios (un tipo de publicidad y la venta de ejemplares físicos) ha ido cambiando desde la primera década de este siglo, pues los hábitos de consumo informativo han evolucionado gracias a la eficiencia y popularidad de los aparatos inteligentes y plataformas, que son entornos de información, recreación y socialización potenciados por Internet y las redes sociales. Pero eso no significa que el periodismo esté muriendo. Al contrario. El modelo económico y los hábitos de consumo piden a gritos más periodismo, pero no más de lo mismo, sino un periodismo que sea digno hijo de su tiempo.
Ahora comprendemos que los lectores no se suscriben a un producto, sino a una causa. La mía es clara y siempre estaré agradecido por haber encontrado un altavoz en ‘elPeriódico’: creo firmemente en la lucha contra la corrupción y los abusos del poder, a través de la información verificada y la investigación profunda para defender la democracia, y en que la propagación de la cultura, en aras de educar, entretener y exponer los tesoros, talentos y bienes de la región, es una necesidad vital.
Somos hijos de nuestro tiempo y por ello entendemos la necesidad e importancia del cambio, de la adaptación a las nuevas tendencias sin sacrificar nuestros valores de siempre; aquellos que por 26 años nos han acompañado, como la verdad, integridad y libertad.
A los periódicos siempre les va bien cuando hay grandes historias y la región centroamericana es cuna y productora de relatos fascinantes que merecen ser contados. Así que nos irá bien. Hay periodismo para rato, aunque les pese a los enemigos de la libertad y la democracia, alfiles de la corrupción y los abusos del poder.
Desde que soy periodista lo he tenido muy claro y situaciones como esta me sirven para comprobarlo: no solo contamos historias, hacemos país. Nada se pierde, todo se transforma. Nos seguimos leyendo en la edición digital. Y feliz día del periodista, colegas.
@godoyesjd
En la sección de Opinión se publican columnas como contribución al debate público, las cuales son responsabilidad exclusiva de su autor y no representan la visión de elPeriódico de Guatemala o la de su línea editorial.