Terroristas y asesinos por placer

En tanto el mundo se distrae con el Mundial de Fútbol, en Ucrania continúan los bombardeos masivos y los crímenes de guerra cometidos por los rusos aumentan. No podemos dejarnos absorber por los grandes distractores del día a día y olvidarnos de lo que está por venir “el peor invierno” desde la Segunda Guerra Mundial. Los rusos han destruido intencionalmente las fuentes de energía y no les importa nada más que el odio hacia los ucranianos, el cual los impulsa a matar y matar civiles como respuesta a la mediocridad militar y al retroceso en los territorios invadidos y tomados injustificadamente. 

La evacuación de los ciudadanos es prácticamente un hecho, miles de desprotegidos ante el inclemente invierno, sin luz agua, calefacción y alimentos, obliga a que los más débiles como los niños y los ancianos deban de abandonar sus casas y sus ciudades. 

La destrucción sistemática de hospitales, refugios y centrales eléctricas es la estrategia de un ejército cobarde que se desquita con la población civil, fusilando y disparando por la espalda, sembrando odio y terror en su estrepitosa derrota, la cual no es más que la antesala de los juicios que habrán de venir por los crímenes de guerra y el aniquilamiento que allí han cometido con saña y placer. 

Rusia y nadie más que Rusia es la responsable de todo, incluso de los llamados “daños colaterales” como el del misil ucraniano que se desvió y cayó en un pueblo de Polonia y que causará la muerte de dos personas, suceso que alarmó al mundo por la posibilidad de una escalada en la guerra, algo que no dista que pueda volver a suceder y que en esta ocasión provenga del ejército ruso. 

El mundo Libre observa con preocupación los acontecimientos y está consciente de las amenazas reales que conlleva dicha confrontación, salvo los lametraseros de siempre como el patético y ridículo presidente no democrático de Cuba, de apellidos Díaz-Canel, en la surrealista y bizarra visita a Rusia, respaldando al Kremlin y lamiendo la bota del ‘Fuhrer’ Vladimir Putin, haciendo honores ambos frente a la estatua del sátrapa dictador Fidel Castro. 

Cuando Putin es criticado abiertamente por Aleksandr Dugin, habría si fuera Vladimir que poner las barbas en remojo, pues claramente con sus palabras sentencia y dice en su conclusión, “luego de haber entregado la ciudad de Jerson ni un paso atrás o será el propio zar (en referencia a Putin) el que tendrá que entregarse”. 

Tarde o temprano Putin caerá. 

Si en algún momento creyeron los rusos que esta sería una “guerra de prestigio”, para levantar viejas glorias y antiguos sueños imperiales, hoy sabemos que ha sido todo lo contrario, resaltando la realidad de una tribu de bárbaros, decadente, mediocre y en caída libre, que da sus últimas patadas de ahogado mandando viejos misiles de la guerra fría sin cabeza nuclear ante la escasez de armamento. 

El irrespeto del frente interno a Putin es latente y va en aumento, mejor ejemplo el desplante en vivo del líder armenio negándose a firmar una declaración conjunta, en pocas palabras ‘el Fuhrer de Rusia’ en su debacle ha dejado de ser temido, mucho menos amado.


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Author: Maria Suarez