El Tribunal Supremo Electoral, en andrajos

El otrora prestigioso Tribunal Supremo Electoral (TSE) hoy anda en vergonzosos andrajos; inclusive está integrado por algunos magistrados delincuentes, en medio de un proceso electoral incierto y de una democracia al borde de la tumba. La presidenta del TSE, Elizabeth Palencia, no escucha las rechiflas de todo un pueblo opuesto a que a última hora, en vísperas de la convocatoria de elecciones generales, sin ningún consenso, sino con oposición generalizada, adquiera el equipo de SmartMatic, que André Rombolá les vende por varios cientos de millones de quetzales. Para colmo, el representante de la empresa vendedora en Guatemala es un exviceministro del actual gobierno. 

En varios países que han adquirido este equipo, ha habido denuncias de fraude electoral electrónico. Peor, imposible. Comprarlo sería darle el tiro de gracia a una institución que nació noble y prestigiosa, que ahora políticamente es un lupanar. Es tanta la necedad de la presidenta Palencia en la compra del equipo, que hasta ha dado pie a que se piense que el motivo de la insistencia es que haya millonarias coimas pactadas dentro de la operación. Yo también ya lo empiezo a sospechar. 

Por otra parte, no hay palabras para expresar el asombro, rechazo y rabia, míos y de la opinión pública, por la osadía de hasta dónde quieren llegar los magistrados del TSE, dejando participar a unos candidatos y negándoles a otros la inscripción, realizado todo de una forma completamente arbitraria.

El TSE es un prostíbulo político, en cuyo seno se ve y estudia (¿negocia?) la conveniencia o inconveniencia de que tal o cual candidato pueda ser inscrito, en tanto que otro no, todo medido con diversos raseros. La conveniencia o inconveniencia política más pareciera ser la de los titiriteros mayores, en un país que tiene Jefe de Jefes, como acontece con la mafia o el narcotráfico. Hoy día, en el proceso electoral, el TSE se convirtió en juez y parte, como acontecía antes del 23 de marzo de 1982, fecha del inicio de la restauración democrática.

Para mí, democracia es que libremente puedan participar Zury Ríos, Roberto Arzú, Edmond Mulet, Thelma Cabrera y todos los demás que decidan hacerlo; para que, en las urnas, el pueblo decida. ¿Acaso no es esto democracia? Todo lo demás son maniobras burdas. Ya el licenciado Acisclo Valladares, representante de Acción 157, presentó algunos recursos de inconstitucionalidad para que, de una vez para toda la vida, quede fuera de la ley y del imaginario político del guatemalteco, el monstruo jurídico de la campaña anticipada, que solo sirve para el más perverso manoseo electoral. 

¿Cómo un Tribunal, ahora integrado por algunos delincuentes, que tiene que tener moralidad, honestidad intelectual e imparcialidad, pueda dar fe de la limpieza de un proceso electoral, que es base de la democracia? ¡Imposible! No hay solvencia moral. Y sin ella no hay credibilidad. Hay que empezar por limpiar el TSE, cuyos magistrados han llegado al colmo de recetarse un bono electoral de cerca de Q250 mil para cada magistrado, solo por el hecho de dirigir las elecciones, desde suites presidenciales de hotel cinco estrellas. Para que los electores tengan confianza, de nuevo tiene que haber un ente electoral revestido de dignidad y respeto público, como acontecía cuando era presidido por el magistrado Arturo Herbruger Asturias. El traje impoluto de antaño se hizo jirones. De él solo quedan ahora los andrajos, que, con remiendos, ahora lo visten los actuales magistrados electorales. ¡Del carajo! 

A continuación aclaro el señalamiento que realicé al comienzo de que tenemos magistrados electorales delincuentes. Para acceder al cargo de magistrados del TSE, dos de ellos inventaron grados académicos que no tenían. La propia universidad encartada lo reconoció. Son perjuros porque, bajo juramento, sostuvieron que toda la documentación presentada era correcta. La verdad alcanzó a la mentira. Todo se supo y se hizo público. Nada quedó oculto. Todo está claro. Pero no pasó nada. Como es usual, aquí la impunidad cubre toda la pestilente corrupción. La fiscal general, Consuelo Porras, lo sabe todo. Pero nunca ha querido hacer nada al respecto. ¿Por qué? El día de mañana, Porras podría ser acusada de negligencia, como ahora lo realiza con diversos jueces y fiscales. La negligencia es un concepto que se estira y encoge peor que resorte. Es sumamente útil dentro de la justicia politizada. Justicia con jefe.

Este artículo puede evidenciar que tengo adrenalina hasta en los dedos que teclean la computadora. Y así es. Lo acepto. De joven, con todas mis fuerzas, luché contra el fraude y en favor de la democracia. En varias ocasiones, fui amenazado de muerte. Hubo muchas víctimas mortales, que dieron su vida por la libertad y democracia. Ahora, de viejo, en la medida en que puedo, alzo la voz para denunciar un estado electoralmente periclitado. ¡Elecciones libres, sí! ¡Fraude electoral, no! ¡No a la compra del SmartMatic! ¡Que todos los candidatos que deseen puedan participar libremente, para que, en las urnas, el pueblo elija! En aras de la total pureza electoral, ¡que se retire (y lleve a los tribunales) a los magistrados electorales delincuentes! Con palabras del himno nacional, hagámoslo sin choque sangriento, antes de que sea demasiado tarde. El tiempo oportuno se agota. 

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Author: Maria Suarez