Termina una etapa. Vendrán otras. El legado queda firme y a pesar de enemigos, críticos y de la fuerza usada en su contra, queda en la historia de la prensa escrita e impresa, la contribución de elPeriódico y de su fundador Jose Rubén Zamora, por la libertad de prensa, la lucha por la transparencia, su contribución al periodismo investigativo nacional y la irreverencia de sus artículos, en especial de su sección poco ortodoxa llamada elPeladero. Los tiempos cambian y los métodos de los enemigos también. El resultado es el fin de una etapa, el de la edición impresa, vendrán otras, con la edición digital, y es lo correcto porque la lucha debe continuar y ante la adversidad, debe prevalecer la resiliencia. Mi reconocimiento y mi aprecio por lo logrado por elPeriódico y por los sacrificios y liderazgo de Jose Rubén.
Con la partida de su edición impresa, termina también una etapa personal: la de mi columna semanal donde he buscado compartir mi visión de futuro, el optimismo por el mañana, mi respeto por la contribución de nuestros migrantes, el valor del buen manejo macroeconómico, la necesidad de un mayor compromiso con las nuevas generaciones mediante el combate a la desnutrición y el impulso de políticas que promuevan el desarrollo social, y el valor de todas y todos los emprendedores que se esfuerzan en promover el desarrollo, desde y en democracia. Gracias por sus esfuerzos y compromiso con un mejor futuro.
Estoy convencido que estamos en un vértice de la historia de la humanidad, en una época de transformación tan disruptiva como lo fue la transición de la era agrícola a la industrial. La diferencia: la velocidad del cambio. En poco más de 10 años será muy difícil imaginar por los jóvenes, como funcionaba el mundo en las eras anteriores porque la capacidad para resolver problemas antiguos y reiterados estará en sus manos. El desafío será utilizar la capacidad del avance tecnológico de forma de solventar los problemas del pasado y no en buscar nuevos conflictos con efectos potencialmente devastadores. No debería de haber hambre en el mundo, no deberíamos poner en riesgo la supervivencia del planeta con la irresponsabilidad climática o con el uso de armas nucleares o de guerras biológicas. Al contrario, debiéramos ser capaces de impulsar una era de mayor longevidad, de más salud, de mayor desarrollo intelectual y de mayor realización personal, no mediante el trabajo físico, sino por medio de una mejor convivencia humana. Esa es la oportunidad histórica de las nuevas generaciones. De mi parte, seguiré buscando ser viento de cambio, de avance a lo desconocido, de apoyo hacia la resolución de nuestros viejos problemas y de acelerador a los cambios disruptivos positivos. No lo haré desde esta columna que hoy finaliza, al igual que la edición impresa de elPeriódico a finales del mes, pero el compromiso con el futuro se mantiene siempre. Gracias por todo, Jose Rubén, colegas y a todos los lectores.
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