Jaque y jaque

Los dos presidentes demócratas de los EE. UU. más populares desde John F. Kennedy, quien ocupó el cargo entre 1961 y 1963, año en el que fue asesinado, fueron Bill Clinton y Barack Obama. Ambos sufrieron fuertes derrotas dos años después de ser electos en las elecciones de medio término. En 1994 Bill Clinton perdió el Senado por 8 puestos y la Cámara de Representantes por 54 puestos. En el 2006, Barack Obama mantuvo el control del Senado, aunque perdió 6 puestos en el Senado, pero perdió la Cámara de Representantes por 63 puestos. La “marea republicana” tendría que haber tenido números que, si al menos no fueran similares, implicaban tomar el control del Senado y arrebatarle como mínimo 25 puestos al Partido Demócrata. Las proyecciones de las elecciones de las pasadas elecciones de medio término reflejan que los demócratas mantendrán el control del Senado y perderán el control de la Cámara de Representantes por 2 u 8 puestos. 

Si en algo Joe Biden ha superado todas las expectativas es en ser un presidente impopular, más del 60 por ciento de los afiliados al Partido Demócrata no quieren que se lance a la reelección, pero el otro gran problema que tienen es que quieren aún menos a su vicepresidenta Kamala Harris, entonces el Partido Demócrata está automáticamente en jaque, casi desde que asumió el poder a inicios del año pasado. A pesar de la baja popularidad de Biden y Harris, así como de la mala situación económica, inseguridad en las grandes ciudades y los problemas que el sistema de educación y el sistema de salud han sufrido después de las cuarentenas de la pandemia, todo apuntaba a que los republicanos ganaran estas elecciones sin problema, pero parece que muchos se durmieron en sus laureles.

El primer gran problema es la polarización ideológica que atraviesan los EE. UU. De acuerdo con la encuestadora Gallup, 31 por ciento de estadounidenses se identifican como demócratas mientras que 25 por ciento como republicanos, mientras que el resto de la población (44 por ciento) son considerados independientes o se identifican con algunos de los partidos pequeños en el espectro político de aquel país. En otras palabras, el voto independiente es el que realmente gana elecciones, y en esta ocasión el voto independiente votó en contra de los extremos. Por un lado los demócratas hicieron un llamado a no olvidar los eventos de la toma del Capitolio del 6 de enero del año pasado, mientras que muchos candidatos republicanos participaron con la consigna de juicio político a Biden y los resultados demuestran que ambos temas no son del interés de la mayoría. 

Sin embargo, los dedos acusadores republicanos no faltaron en señalar a Donald Trump como el gran culpable y revivir un secreto a voces: ¿debería ser Trump el candidato republicano del 2024 o deberían los republicanos apostar por una figura menos divisoria? Y así, en 24 horas y sin resultados oficiales, los republicanos pasaron de sentirse victoriosos a caer en el mismo jaque que los demócratas. 

@robertoantoniow


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Author: Maria Suarez