Wálter Mazariegos –quien busca imponerse como rector de la Universidad de San Carlos de Guatemala (Usac) para el periodo 2022-2026, a través de una fraude, ejecutado el pasado 14 de mayo en un área del Parque de la Industria a puerta cerrada y evitando la participación de otros candidatos, mientras él y sus allegados eran protegidos por las fuerzas antimotines– junto a los sectores y actores que lo apoyan desde el Consejo Superior Universitario (CSU) no vislumbraron que la resistencia desde las bases de la universidad, integrada por amplios sectores estudiantiles, trabajadores, catedráticos y desde el exterior, a través de egresados, integrantes de organizaciones de la sociedad civil, de entidades públicas, organizaciones de mujeres, líderes comunitarios y sociales fuera a durar y a extenderse, sin lograr doblegarlos.
La fuerza de la resistencia interna y externa que mantiene a Mazariegos lejos de la rectoría radica, entre otras razones, en que se trata de la única universidad pública que Guatemala posee y que de caer en control de los sectores conservadores que buscan destruir la educación universitaria que es gratuita, solo la arrastrarían para que termine privatizada. Esto implicaría un duro golpe a los sectores de clase media, media baja de los diferentes pueblos del país y a los miles de trabajadores que no tendrían oportunidad de acceder a formación universitaria, lo cual solo agudizaría la conflictividad de clase a nivel nacional, porque el ascenso social a través de la profesionalización se cerraría para siempre.
Además, a través de la privatización buscan imponer un único sistema de pensamiento y convertir a la universidad en un centro de control ideológico y de expansión de su sistema económico, lo cual vendría a respaldar la tiranía y el sistema autoritario que desde el Estado se impulsa, dado que la participación de la Usac en importantes instancias del Estado terminaría alineada a esa corriente. Estos dos puntos, entre otros, los tienen claro varios segmentos de la población en la capital y en el interior, dado que si se pierde la Usac pierde el país, por eso, de múltiples formas apoyan a quienes resisten desde los campus universitarios.
Ante esta fortaleza Mazariegos y sus aliados en el CSU impulsan otras estrategias, como la de sancionar a actores visibles de la resistencia. Uno de los casos recientes es el del estudiante Camilo García Flores, representante estudiantil de la Facultad de Ciencias Químicas y Farmacia, y quien, a solicitud del representante del Colegio de Abogados y Notarios, (CANG) Berner Alejandro García, el CSU decidió con 24 votos a favor, de un total de 42, iniciarle un proceso disciplinario por referirse a Mazariegos como un “usurpador” (Prensa Comunitaria 24.11.2022).
A las sanciones a estudiantes se suma la negativa de pagar salarios a los trabajadores que no son afines a Mazariegos, retrasar procesos eleccionarios en algunas facultades, presionar y aterrorizar a estudiantes, trabajadores y profesionales que se han negado a mercantilizar la educación pública universitaria.
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