Un placer recuperado con la vuelta a la normalidad es la confianza para acudir a la rutina o rito de la peluquería a quitarnos las greñas con tranquilidad, sin mascarilla, conversando con el barbero sobre el acontecer nacional, poniendo atención a sus opiniones políticas, al enojo o irritación, a las pasiones que produce el comentar con clientes diferentes las mismas cosas, porque la profesión de barbero lo convierte en buen termómetro del ánimo nacional. En el pasado, cuando pasaba viajando del tingo al mango, me acostumbré a cambiar de barbero según lugar y facilidades, por lo que siempre me sentí trasquilado o modificado el estilo al gusto y entender de mis verdugos mientras aprendía de su experiencia social, pero luego vino la pandemia y quedé obligado a la vida sedentaria, y me adapté a las visitas clandestinas del barbero a domicilio, variando según la hospitalidad y cuidados de mis vecinos. El tema de conversación inevitable eran las estadísticas del contagio, la llegada de la vacuna rusa y la incertidumbre por el acontecer político. Pero ahora, cuando hemos recuperado la normalidad, me hice asiduo de una peluquera que de los temas políticos ha ido variando a temas menos variados, no importando que las elecciones se avecinen, porque entusiasma más la llegada del Mundial de Fútbol, y la pregunta es por quién vamos, ¿por Argentina o Brasil?, porque Guate igual no va pero los nacionales no faltarán exhibiendo la bandera azul y blanco en los graderíos de los estadios de Catar. Y mientras avanza el proceso de corte de las puntas grises de cabello, cambia a la novedad de los conciertos atestados de gente a pesar del alto costo de las entradas, porque la gente ya no aguanta el encierro y el virus ya no preocupa, y en la normalidad pareciera que luego somos más. Y trato de reorientar el tema al asunto nacional pero con gesto displicente ella dice que eso de la política ya no interesa tanto, que ahora ni se usa mascarilla, que quienes persisten en la práctica se ven mal. El tema de actualidad es el fut o las fiestas de fin de año, el adorno de la época mágica de vacaciones y fiesta, y la farándula. Y entonces se suelta con emoción a contar la historia de la venganza de Shakira, la mujer artista famosa que se entregó a sus hijos y fue decepcionada por el tal Piqué, ídolo que está siendo rechazado por los fanáticos por su conducta, que tuvo que dejar el equipo merecidamente, mientras ella inaugurará la gran fiesta del Mundial, la misma cantante que vino a Guatemala siendo una jovencita, con jeans y guitarra, pero hecha toda una mujer. Eso es lo que importa ahora, la política no. Lástima, dice, los horarios tan mañaneros de los partidos, porque no se podrán disfrutar tanto los goles.
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