Las consecuencias futuras de la demografía actual

China, Rusia, Ucrania y casi todas las naciones europeas están en camino de desaparecer como naciones en este siglo. Su grave problema son sus estructuras poblacionales. El mundo entero cambió radicalmente en la segunda mitad del siglo veinte. Transitamos en tan solo dos generaciones de sociedades agrarias a sociedades fundamentalmente urbanas. Y ese tránsito está significando una verdadera revolución demográfica. 

Si en los años setenta del siglo pasado el fantasma que nos asustaba era la explosión de la población, hoy no es un fantasma sino un verdadero monstruo el que acecha a múltiples naciones que probablemente desaparecerán en los próximos ochenta años. El monstruo se llama “colapso de la población”.

Las razones del “colapso poblacional” que estamos presenciando son fáciles de entender. En el mundo rural, cada hijo es un trabajador, un activo económico que produce riqueza prácticamente desde su nacimiento. En cambio, en las sociedades urbanas, los niños son pasivos económicos sumamente costosos. Durante sus primeros veinte o veinticinco años los hijos no producen nada y solo son consumidores de bienes y servicios. Los adultos, como agentes económicos racionales, hacen sus cálculos y deciden no procrear ni siquiera lo indispensable para sostener la población.

Se calcula que cada mujer debería producir 2.1 hijos en promedio para reemplazar a los individuos que naturalmente mueren. Si la relación entre nacimientos y muertes se modifica, tendremos ya sea crecimiento o decrecimiento de las poblaciones. 

En el siglo veinte, además de la urbanización e industrialización en casi todos los países, sucedieron dos grandes acontecimientos que modificaron el equilibrio demográfico. Primero, en los años treinta se descubrieron los antibióticos que salvaron de la muerte prematura a millones de niños y adultos produciendo la explosión demográfica del siglo pasado. Segundo, el mundo experimentó dos guerras mundiales en las que murieron alrededor de cien millones de personas, las que sumadas al “gran salto adelante” y la Revolución cultural maoísta en China produjeron importantes consecuencias en sus poblaciones. Por ejemplo, la cohorte de varones nacidos en Rusia y Ucrania entre los años de 1920 y 1925 prácticamente desapareció consumida por la guerra contra el nazismo hitleriano. Esos millones de jóvenes muertos no produjeron descendencia con consecuencias que hoy todavía afectan gravemente a esos dos países. En la China postmaoísta, el gobierno de Deng Xiaoping preocupado por el rápido crecimiento de su población estableció imprudentemente la “política de un solo hijo” por familia. Hoy como consecuencia faltan más de cien millones de mujeres en China y los hijos que hubieran podido producir. Y como la “cereza del pastel”, en los años cincuenta se inventó y se comercializó la píldora anticonceptiva que permitió a las mujeres controlar su capacidad reproductiva. En Ucrania cada mujer produce 1.2 hijos en promedio y en Rusia 1.5. China perderá para el año 2100 cerca de seiscientos millones de habitantes. En Europa, Japón y Corea la situación no es mucho mejor. 

Actualmente solo África está produciendo suficientes niños. En Iberoamérica no estamos condenados a desaparecer demográficamente y solo el conjunto de Norteamérica, incluyendo a los Estados Unidos, México y Canadá y quizás Centroamérica tienen un perfil poblacional y económico adecuado para este siglo. En Europa, Francia es la excepción. 

Este año se cumplen cincuenta años de la publicación del estudio para el Club de Roma elaborado por científicos del Instituto Tecnológico de Massachusetts con el título de Los límites del crecimiento. Quizás vale la pena volver a revisar hoy sus conclusiones y llegar a las nuestras.


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Author: Maria Suarez