El norte siempre nos ha dictado la plana. Esta no siempre ha sido en beneficio de los guatemaltecos y siempre han predominado los intereses estadounidenses. Tan soberanos somos como se nos permite ser. Pensar que podemos serlo es ridículo, más cuando nuestra economía palpita gracias a los más de US$1,000 millones de remesas familiares que recibimos mensualmente de cientos de miles de connacionales que residen ilegalmente en ese país. ¿Qué solvencia tenemos cuando nuestra gente se ha convertido en el mayor producto de exportación? ¿Cómo podemos proclamarnos soberanos, cuando dependemos no solo comercialmente de Estados Unidos por ser este nuestro principal socio comercial, sino también cuando invadimos sus fronteras a diario con inmigrantes ilegales que escapan de esta “soberana” Guatemala? En temas económicos, comerciales, de cooperación y migratorios jamás escuchamos a los gobernantes de países como el nuestro hablar de soberanía. Esta retórica se convierte en el “caballito de batalla” de aquellos gobernantes que, por el actuar de sus gobiernos, terminan en el reflector usualmente por violar convenios internacionales en temas de corrupción y violaciones a los derechos humanos.
A los caudillos del trópico se les olvida que al asumir el cargo, se echan en hombros una historia cargada de compromisos a los que el Estado de Guatemala está suscrito, y a los que ellos están llamados no solo a respetar sino a cumplir. Ya en el poder, la mayoría de estos poco preparados y sumamente ambiciosos, pierden el piso y se embriagan de poder. Con una fórmula perfecta de incapacidad, poder, nueva riqueza y los círculos de intereses que les rodean, se sienten invencibles y piensan que están por encima del puesto y las responsabilidades que este les confiere —un servicio público que termina siendo de interés privado de unos cuantos—. Pero la historia nos demuestra que la factura se paga y, tarde o temprano, se termina sacrificando al más dispensable. En estos casos termina siendo el más expuesto, que en la mayoría de los casos es el títere de turno y sus más allegados. Para bien o para mal, cuando el norte decide enmendar la plana sacrifican a quien tengan que sacrificar; no siempre en beneficio de Guatemala y siempre por la conveniencia de sus intereses. No olvidemos que de esta nación dependía la Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala y fue por esta misma que dejó de existir. Como nos cuenta la historia, si sus intereses lo requieren le aplauden y apoyan a golpistas o a narcogobernantes, que luego condenan sin empacho. La plana la enmiendan según sus intereses; a países como el nuestro le respetan la soberanía siempre y cuando nuestros intereses estén alineados con los de ellos. La agenda para nuestra región la dictamina Estados Unidos. Nosotros simplemente navegamos según los vientos impuestos y nos adaptamos según la agenda propuesta en la que poco o nada tenemos injerencia.
En los últimos años se han creado las condiciones para perpetuar un sistema blindado para quienes de este se benefician en total impunidad. Las instituciones del Estado operan en función de este sistema, otorgando privilegios de toda índole a un segmento de la población; sometiendo a la gran mayoría de guatemaltecos a vivir en un país sumido en el subdesarrollo. Si nuestra posición geográfica fuese otra, salir de esta condición sería imposible; pero, dada la cercanía a Estados Unidos y porque las consecuencias de este sistema les repercuten directamente, de vez en cuando los cambios llegan. Hoy creo que estamos en el umbral de uno de estos giros de timón. Con la noticia que la oficina de Control de Activos Extranjeros del Departamento del Tesoro aplicó la Ley Magnitsky a dos extranjeros por su papel en la explotación minera en Guatemala y su relación con tres empresas señaladas de corrupción, la justicia parece llegar a Guatemala desde afuera, contra todo intento de blindar el sistema. La rendición de cuentas parece estar más cerca de lo que se pensaba, pues al mejor estilo del norte, no porque te mastico, significa que te trago. Empezamos a ver distancias prudentes al poder de turno por parte de sectores que no querrán verse salpicados por la inminente caída del confeccionado sistema pro impunidad. Los gringos inevitablemente harán lo que siempre han hecho…
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