Me refiero a lo denunciado en una entrevista radial por una persona de reconocida honorabilidad, connotado ciudadano que ha presidido Juntas Electorales y, en consecuencia, experto en el tema, acerca del aparente cambio en el procedimiento que hasta ahora ha venido asegurando la veracidad y confianza en el contenido y manejo de las actas levantadas en las mesas receptoras de votos, con los resultados electorales. Según deviene de la lectura de las especificaciones de las recientes compras promovidas y defendidas a capa y espada por el Tribunal Supremo Electoral (TSE) para la adquisición de software y equipamiento para el proceso electoral venidero, se estaría alterando y poniendo en precariedad la solvencia del sistema electoral guatemalteco.
Como sabemos, desde casi cuatro décadas, el día del sufragio se ha garantizado por la veracidad del conteo de los votos, cuya responsabilidad recae en las Juntas Electorales y Juntas Receptoras de Votos, independientes, acompañadas por los fiscales de mesa de cada uno de los partidos políticos contendientes. Bajo el escrutinio de todos los integrantes de las mesas no solo se cuentan los votos sino de común acuerdo se enmienda cualquier error y todos suscriben el acta que contiene los resultados tabulados, asegurando la transparencia y credibilidad del proceso. Es un modelo descentralizado muy efectivo y confiable.
En este mismo espacio, el 27 de septiembre pasado (Ser y no solo aparentar), le otorgué el beneficio de la duda al TSE, asumiendo como supuesto teórico, que esta importantísima entidad clave del Estado estaría actuando ética y correctamente; y que, si los señalamientos de que ha sido objeto son falsos, bastaría que con hechos demostrasen lo contrario. Si no, como concluí en mi columna del 1 de este mes (Credibilidad en el proceso electoral), el TSE estaría enterrando la credibilidad que gozó desde su origen en 1983 con don Arturo Herbruger Asturias (QEPD) cuando se fundó la institución, que debiera ser baluarte de integridad, honorabilidad, credibilidad y confianza.
Como lo reiteraron miembros del Foro Guatemala en pronunciamiento del 10 recién pasado, es indispensable asegurar que “se preserve el modelo no centralizado en donde las juntas electorales puedan realizar a cabalidad su función de conteo, custodia y escrutinio de votos”. Asimismo, exigen que los nuevos mecanismos digitales se publiquen y discutan con suficiente tiempo para generar credibilidad, porque nuevos sistemas como el biométrico o el de conteo de votos, requieren una explicación y retroalimentación para mantener la confianza entre la ciudadanía y las organizaciones de la sociedad.
Imaginar fraudes electorales de otras épocas dictatoriales oscuras de la historia patria, ahora es inconcebible y sería absolutamente intolerable. Nunca más. Recordemos que del sistema electoral depende nuestra libertad y la democracia republicana.
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