Pacto de Cínicos

El pacto es estricto y condicional pues las dos partes se comprometen a cumplir con lo estipulado. No hay pacto verdadero sin manos estrechadas. Y el nuestro ha sido algo así; no tan famoso ni comentado, pero igual de malvado. Es el Pacto de Cínicos. 

Vamos a ello. 

Usted, yo y millones de paisanos más hemos firmado este pacto. Quizás no recuerde cuando lo hizo. A lo mejor sea firmante reciente o veterano. La cosa es que se ha suscrito a las normas del mismo, también conocidas como Los Diez Noes, que son: no protestar, no criticar, no informarse, no denunciar, no proponer, no interactuar, no escuchar, no cuestionar, no actuar, no apoyar. 

Leí un texto que explica muy bien la génesis y razón de nuestro pacto; un texto cuyo autor no puedo recordar pero creo que pertenece al libro de Diogenes Laercio, La secta del perro. Vidas de los filósofos cínicos, citado por la Revista Filosofía&Co. El texto reza así: La reunión de los cínicos (…) es el espacio del agravio. Es un escenario donde ninguno o tal vez con alguna excepción, cree en nada ni en nadie. Donde todos desconfían de todos y se utilizan crudamente entre sí (…). Hablan sin aparente careta. Pero la franqueza de ellos, que sobra ahí, no es parresía, porque emana de sus pasiones y de sus intereses que, expresados en la lengua, acaban definiendo a estos personajes (…). Las complicidades que se tejen entre ellos son complejidades que se asientan en el escarnio, en la burla, en el chantaje. 

El pacto entonces pasa a ser un concepto sombrío y cínico que sirve para agrupar a los firmantes de este tratado en algún lugar de la arena política que poco nos gusta. Los firmantes del Pacto de Cínicos nos rehusamos a vernos como parte del problema, aunque sabemos que de alguna manera lo somos. Pero nos rehusamos a aceptarlo porque creemos que nuestra apatía no es tan mala, que nuestra indiferencia no hace tanto daño, que nuestro desdén no es para tanto, y que siempre hay peores pactos que el nuestro. Si bien ni apatía, indiferencia y desdén son sinónimos de corrupción, violencia e ilícitos (pilares de otros pactos firmados), sí que están relacionadas, porque son actitudes de “talanquera”. Dicho de otro modo, estas actitudes permiten la entrada de la corrupción, violencia y otros ilícitos cuál talanquera da acceso a alguien a un espacio. 

El Pacto de Cínicos se construye alrededor de esas actitudes. Es un pacto, porque de alguna manera nos hemos puesto de acuerdo para llevarlo a cabo, y es de cínicos, porque hay que estar lo suficientemente loco para permitir con descaro que, por ejemplo, el gobierno actual gestione la instauración de una dictadura de pies a cabeza pero con bandera de democracia, o que el proceso electoral 2023 esté, a todas luces, viciado y amañado. Cínicos somos los que permitimos que los presupuestos, leyes y estados de calamidad se aprueben sin ser leídos, con agujeros diseñados por los arquitectos de la corrupción que permiten la extracción de fondos públicos, y votados por borrachos e idiotas que roban oxígeno —además de millones— en el hemiciclo. 

Conformamos el Pacto de Cínicos pero podemos romperlo. El empresario honrado (que es mayoría), el servidor preparado (que es minoría), el trabajador, la comunidad estudiantil y los jóvenes (que somos mayoría) tenemos que poner un alto ya. Romper ese pacto que suscribimos quién sabe cuando y salir de esta aparente comodidad que nos hace pensar que no hemos tocado el fondo, mientras nadamos, como diría aquella canción de Arjona*, “como los cisnes en el fango”. 

*Y hablando de Arjona, aplaudo sus conciertos en Guatemala y también sus palabras. Llene usted la Explanada Cayalá por dos fechas consecutivas, con miles de personas que han pagado (no poco) para ir verle, y podrá decir lo que quiera. Si no le gusta el discurso, cambie de emisor. 

@godoyesjd 


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Author: Maria Suarez