El presidente de México, Andrés Manuel López Obrador (AMLO), se topa con una ciudadanía que sale a las calles en defensa de la democracia, ante la intención de este de apoderarse del Instituto Nacional Electoral (INE). “El Instituto Nacional Electoral es el organismo público autónomo encargado de organizar las elecciones federales, es decir, la elección de la presidencia de la República, diputados, senadores que integran el Congreso de la Unión. De igual forma organiza, en coordinación con los organismos electorales de las entidades federativas, las elecciones locales en los estados de la República y la Ciudad de México”. De lograrlo, López Obrador anularía la vida democrática de México. En las mismas calles que en su oportunidad le sirvieron de escenario, los mexicanos alzaron la voz para reprobar su actitud dictatorial, su excesivo afán de poder, su coqueteo con el fascismo y las maneras totalitarias con las que intenta despojar al pueblo mexicano de la facultad de este de organizar las elecciones, contar los votos sufragados y dar a conocer los resultados. Todo esto con el fin de que el INE quede bajo el control del gobierno y se fortalezca así su poder autocrático, como lo hacían en el pasado quienes él mismo criticó.
Las masivas manifestaciones del pasado domingo expresaron el sentimiento de una población consciente, despierta y activa, capaz de envainar las espadas ideológicas y las banderas partidarias para salir a las calles por amor a México y al indispensable pilar de la democracia. Bajo el lema “El INE no se toca”, cientos de miles de personas formaron una marea humana en el céntrico Paseo de la Reforma y rechazaron la iniciativa del zurdo caudillo. El hipócrita argumento de AMLO es que dicha entidad electoral fue partícipe de fraudes en las elecciones a la presidencia de la República de los años 2006 y 2012, en las que el ahora presidente fue derrotado. En resumen, los mexicanos encontraron un punto de encuentro. Aunque el mensaje iba dirigido a López Obrador, en realidad se tomaron las calles para hacer saber a cualquier gobierno —presente y futuro—, que el “pueblo” mexicano defenderá contra todo el derecho de cómo elegir a sus gobernantes. Las calles que le sirvieron de plataforma para llegar al poder, hoy ponen un freno a quien desde las alturas perdió el piso.
En Guatemala, ante la apatía de las mayorías nuestra democracia agoniza. En contraste con los mexicanos, somos inconscientes, vivimos adormitados e inactivos. El común denominador entre nosotros es la indiferencia, la cual aprovecha a sus anchas la influyente minoría que divide y polariza con luchas absurdamente ideológicas y partidarias. En medio de este choque ideológico, reside una silenciosa minoría que calle y otorga. La ruta que busca AMLO para manosear el INE antes de las elecciones programadas para el año 2024, se despeja en nuestro país. Frente a nuestras narices y sin pudor alguno —libertad que les otorga nuestro desinterés—, el camino se está pavimentando para perpetuar no solo al poder actual, sino al sistema que lo mantiene vigente. Las instituciones del país están secuestradas; haciendo de nuestra democracia y por ende de nuestros procesos electorales una fachada, nada más. Ya comenzamos a ver la punta del iceberg con la inhabilitación de Roberto Arzú y Neto Bran por parte del Tribunal Supremo Electoral, para evitar que participen en las elecciones del 2023. Pronto, más candidatos que podrían interferir en los planes del actual gobierno para perpetuarse en el poder serán excluidos de la contienda. Las alianzas dentro de las instituciones clave se romperán; muchos que pretendían participar en el proceso electoral verán su camino truncado por quienes les traicionarán al venderse al mejor postor. Magistrados, jueces, alcaldes, entre tantos otros, se sumarán al movimiento de la plata, intentando llevar en hombros a un candidato insípido con el cual pretenden derrotar a la reina del antivoto.
Ante las burdas artimañas del gobierno de turno para perpetuarse en el poder, la semana pasada empezamos a ver que algunos sectores y voces influyentes ven con preocupación las próximas elecciones. Ojalá sean auténticas y genuinas sus preocupaciones y, más importante aún, que no sea demasiado tarde. México nos da una luz de esperanza. ¡Encontremos el común denominador que nos haga alzar la voz al unísono, sin banderas y sin ideologías, en defensa de la democracia!
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