Aún en la profundidad de la problemática cotidiana, los vecinos organizados de la zona 18 de esta ciudad no abandonan creatividad y pensamiento de futuro. Están permanentemente buscando formas racionales de superar los desafíos sociales en colectivo. En medio de un Estado despreocupado por el bienestar ciudadano y un liderazgo municipal comprometido únicamente con sus intereses de poder y economía, surge la propuesta. Así, vadeando estigmas sociales. Quince mil vecinos solicitan al Estado, a través de la Gobernación Departamental, se les reconozca como municipio. Tienen de sobra llenos los requisitos de ley. El trámite dura ya tres años. Inició en noviembre de 2019. Toda una brega frente a funcionarios sin mirada de futuro.
No se trata de una inquietud vecinal por aislarse institucionalmente. Todo lo contario, la propuesta de crear el nuevo municipio, se afinca en potenciar las capacidades del Pacto Metropolitano: la vieja y sabida tesis, nunca llevada a la práctica, de que desarrollo y ordenamiento del departamento de Guatemala pasa por la absoluta cooperación e inversión en proyectos transversales que vinculen a población y ediles de los municipios que lo conforman. Aquí nadie sale solo del atolladero del tránsito, gestión de los desechos y, fundamentalmente, de un asunto que es de vida o muerte: el uso equitativo del agua potable y el saneamiento. No se trata de quitarle al municipio vecino o de verterle la basura, es la gestión mancomunada la única opción. Los vecinos de la zona 18 lo tienen meridianamente claro. La capacidad institucional que les brindará el ser municipio es obvia: elegir su propia representación, ordenar la casa, elevar su capacidad de negociación y acuerdo con los municipios vecinos y fundamentalmente tener voz propia en su problemática. Elementos de los cuales ahora carecen. Les “representa” una autoridad municipal que les queda lejos. Que no vive sus problemas y por tanto no opera para solucionarlos. La autoridad “local” vive en La Cañada, poco les afecta lo cotidiano de la zona 18. Son estas algunas de las razones de la propuesta vecinal para transformarse en municipio. Es el resultado de sus propias cavilaciones y consensos.
Justo eso es la democracia: vecinos organizados, deliberantes, propositivos. Dispuestos a negociación y acuerdo. Eso es ciudadanía. Los vecinos de la zona 18 están en lo correcto. En las circunstancias actuales y con el nivel de concentración de la acción munícipe en la ciudad, institucionalizar la autogestión resulta en una necesidad. Por lo demás es un asunto legal, previsto por la propia ley e investido de legitimidad.
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