Balance Y Canchinflines

El país va a la deriva, somos un Estado absolutamente fallido con índices de pobreza, corrupción y violencia.

Llegamos al final de un año más, y como es costumbre, cada uno suele hacer su examen sobre el año transcurrido, tanto en lo personal como en lo local y mundial. En mi caso, he de decir que fue un año relativamente complicado ya que, por razones de salud, tuve que irme de Guatemala. Si no lo hubiera hecho, habría terminado vendiendo hasta los calzoncillos para tratarme y, de todos modos, hubiera tenido que enfrentar probablemente una muerte prematura. Tuve suerte, pues en cambio, España ofrece -a pesar del esfuerzo de la derecha española para desmantelar y privatizar la salud- uno de los mejores sistemas públicos de atención médica en el mundo.

En el plano nacional, qué decir que no haya sido dicho ya. El país va a la deriva, somos un Estado absolutamente fallido con índices de pobreza, corrupción y violencia parecidos a los de África, sin élites poseedoras de visión y de huevos, sin liderazgos contundentes, sin una cultura política ciudadana y maniatados por las mafias locales (CACIF, militares, narcotraficantes e iglesias neo pentecostales) y las mafias foráneas (Dpto. de Estado norteamericano, la CIA y grandes capitales financieros internacionales). En estas condiciones, ¿qué esperar? Olvidados de Dios, sin una identidad que nos vertebre, reptamos como babosas y babosos por las calles de la ignominia (esta frase merece violines, porfa).

El paisaje borrascoso de nuestro país contrasta con los cielos aparentemente más despejados de otras regiones de Latinoamérica que últimamente han decidido cambiar de música desechando los marciales himnos llamados para sustituirlos por bambucos, sambas, cumbias, flautas andinas, boleros, rumbas, tangos y bossa novas, ritmos todos ellos mucho más acordes a lo que verdaderamente somos. Quieran los hados de la Historia guiar nuestro inmenso continente hacia una materialización más justa y digna del lugar que podríamos ocupar en el mundo gracias a nuestros talentos y riquezas, si lográramos comprender que una equilibrada alianza entre trabajo y capital es necesaria, toda vez que los trabajadores no se conviertan en esclavos del capital.

Y para concluir el balance general, tornamos la mirada hacia Europa y se nos paran los pelos tan solo de no saber en absoluto lo que verdaderamente está sucediendo y lo que sucederá con esa guerra absurda que desangra a dos países otrora hermanos. Una guerra calculada y provocada por la potencia mundial más peligrosa que ha existido en la historia de la humanidad y atizada por lacayos, criados y sirvientes europeos de esa potencia, ante los ojos espantados del mundo. Un mundo numeroso que espera que la inteligencia y la sensatez triunfen sobre la estulticia y la voracidad del dólar y de las armas.







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Raúl de la Horra

Psicólogo clínico guatemalteco especializado en psicología social. Escritor y profesor universitario con experiencia en Francia, Alemania y Colombia. Actualmente radica en España.

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Author: Maria Suarez