Jesús, el hijo de José y María nació, creció y murió como un miembro más del pueblo judío, un descendiente de los míticos patriarcas Abraham, Isaac y Jacob-Israel. Como tal, Jesús debió ser circuncidado a los ocho días de su nacimiento según lo ordenaba el pacto de Dios con Abraham y la ley positiva de Moisés. La iglesia católica recuerda la circuncisión, el brit milah, de Jesús el primer día de enero para enfatizar la sumisión de Jesús al antiguo pacto, pero al mismo tiempo la superación de ese antiguo mandato por el nacimiento ocho días antes del “Ungido”, el “Mesías”, el “Cristo”, el “Salvador y mensajero del nuevo pacto”.
La circuncisión, es un acto quirúrgico por el que el prepucio del pene humano es removido. Esta operación se cree que se efectuaba ya hace unos 15,000 años, quizá como una marca indeleble para señalar a los enemigos derrotados, una especie de castración simbólica. En la actualidad en la cultura occidental se dan razones médicas e higiénicas para su práctica, por ejemplo, en los Estados Unidos se estima que 71 de cada 100 hombres han sido circuncidados. Sin embargo, en Europa y en Latinoamérica la circuncisión es una práctica poco difundida. Muchas culturas, incluidas las comunidades judías, musulmanas y algunas africanas, ven la circuncisión como un rito de iniciación. En estas culturas, la circuncisión se considera un símbolo de pureza o una señal de su fe religiosa.
Es evidente que diversos factores sociales y culturales deben contribuir a la prevalencia de la circuncisión masculina. Se estima que alrededor de 650 millones de individuos en el mundo han sido circuncidados. Por ejemplo, en algunas sociedades, la circuncisión se considera una marca de masculinidad o un signo de estatus social. Esto puede ser particularmente cierto en sociedades donde la circuncisión es un rito de paso a la edad adulta. En estos casos, la circuncisión puede verse como una forma de mostrar que un joven está listo para asumir las responsabilidades de la edad adulta tal como sucede entre los aborígenes australianos o los nativos de las islas de Polinesia.
A pesar de las diversas razones para la circuncisión masculina, existen numerosos argumentos en contra de esta práctica religiosa tradicional. Se argumenta que la circuncisión es una forma de mutilación genital y que viola los derechos de las personas de tomar decisiones sobre sus propios cuerpos. También se argumenta que la circuncisión tiene efectos físicos y psicológicos negativos sin producir ninguna ventaja verdadera.
Se suele mencionar el tema del consentimiento informado, ya que en muchas de las culturas que la practican, incluida la nuestra, la circuncisión se realiza en niños pequeños o jóvenes que aún no tienen la edad suficiente para tomar sus propias decisiones.
La tradición de la circuncisión masculina ha sido combatida en muchas ocasiones.
Los griegos y los romanos la prohibieron en sus imperios. La consideraban una práctica bárbara, cruel y que afectaba la belleza del cuerpo masculino. Sin embargo, habrá que preguntarse qué es lo que en verdad subyace en esa cirugía casi siempre innecesaria y en ocasiones peligrosa. La iglesia católica por su parte, con esta fecha nos recuerda que, si bien Jesús el hombre fue un judío respetuoso de la ley antigua y las tradiciones de su pueblo, su mensaje fue el de vivir una plena libertad basada en el amor de Dios, el amor a sí mismo y el amor a los otros sin someterse a las ciegas y antiguas tradiciones. ¡Feliz año nuevo!
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