El problema de Venezuela es el régimen que usurpa el poder y la condena traducida en conculcación de libertades, calidad de vida y progreso. Sumamos casi 25 años de cumplimiento de una pena general, de endogamia y fracasos, que ha retrasado el ingreso del país al siglo XXI. La economía improductiva que ha fomentado y aplicado perversamente como un bautizo con manguera-a contrapelo del enriquecimiento personal de la claque y enchufados- degeneró en una dura realidad de pobreza y desesperanza. Este es el país del chinchín, acabaron con el mercado financiero. El ecosistema criminal está lejos de producir prosperidad. No hablemos de la “política” deformada que ha encarnado, negada a producir derechos, libertades ni buenos líderes. No hay autoridad que garantice los derechos humanos, y mucho menos esa negación de la “política” apuntala prosperidad.