Mensaje Navideño
Quizás la frase que titula esta columna se entienda mejor en inglés, al no estar seguro si mi traducción es acertada: “No one has ever become poor by giving”. Indiscutiblemente, una frase que viene como anillo al dedo para esta época. Mañana se celebra la Esperanza.
Y como evidentemente es una fiesta religiosa, aunque muchas veces se nos olvide, pues creí oportuno desearles (o mejor dicho, desearnos) a todos, unos grandes regalos, que pueden considerarse también dones y carismas. Los enumero abajo:
1
El hacer el bien a los demás.
No se trata solamente de no hacer el mal, o no dañar. En realidad, hay que ir más allá. Hacer el bien significa acciones concretas.
2
El tener simpatía por los demás.
Por ejemplo, con la capacidad de decir palabras que alivien al otro. No las que lo perturben o lo ofendan.
3
El tener la capacidad de abrazar.
Quizás en eso se puede resumir el espíritu navideño. Abrazar para fusionarse en el otro y salir de uno mismo, para dar y servir.
4
El tener la virtud de hablar menos, y escuchar más.
Y cuando hablemos, evitar hablar mal de los demás.
5
Recordar siempre la fugacidad de las cosas.
La existencia delimitada que nos brinda una breve oportunidad de ejercer estos y otros carismas.
Acá, una pausa antes de seguir con los demás regalos, para recordar este segmento de una canción increíble: “Todo, todo ocurre en un momento/Un punto diminuto, un granito de arena/Una mota de polvo del universo/Todo, todo ocurre en un instante/Las estrellas dicen que nosotros somos los fugaces” (Blu, Jorge Drexler).
6
Siguiendo la oración de San Francisco de Asís, tener la aptitud (y actitud) de buscar consolar y amar, en lugar de ser consolado y amado.
7
La constante y perpetua voluntad de esforzarse por desarrollar los frutos de la espiritualidad:
Amor, alegría, paz, paciencia, afabilidad, bondad, fidelidad, mansedumbre y dominio de uno mismo.
8
Con mayor razón y como consecuencia de lo anterior, los dones de dicha espiritualidad:
Sabiduría, entendimiento, consejo, fortaleza, ciencia, piedad y temor de Dios.
En fin, todo aquello que nos permita “en un mundo donde muchos hermanos sufren injustamente la miseria y son excluidos de la vida social, transformarnos en un instrumento de solidaridad y justicia”; “en un mundo donde crecen el individualismo, la competencia y las divisiones, convertirnos en un instrumento de diálogo, de unidad y de paz”. (Víctor Manuel Fernández, “Los Cinco Minutos del Espíritu Santo).
Empaquemos con esperanza todos estos regalos que simplemente esperan que los tomemos. Allí están, adentro de nosotros. Solo dejemos que brillen, que contagien.
En nuestra sociedad, con los tiempos que se aproximan, quizás nunca antes habíamos necesitado que la gran festividad de mañana, nos ilumine y nos guíe recordando cómo darle más sentido a todo.
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