El pasado día 21 a las 15 horas y 47 minutos se produjo el solsticio de invierno en el hemisferio norte, iniciando así la estación del año que llamamos invierno. El invierno es la estación en que las noches largas se van acortando hasta llegar en junio al solsticio de verano, momento cercano al día en que la iglesia católica celebra a San Juan, el primo de Jesús, que es cuando los días más largos comienzan a acortarse.
Este fenómeno natural se debe a la inclinación del eje de rotación de nuestro planeta. Sin embargo, es de notar que en la cultura cristiana occidental ambos solsticios están relacionados con las fechas en que se celebran los nacimientos de los dos personajes centrales de esa religión, Jesús el mesías que nace el 25 de diciembre y Juan el bautista, el precursor que habría nacido el 24 de junio. Uno anuncia la llegada de la luz eterna y el otro anuncia la llegada futura del portador de la luz.
Entre los judíos en esta misma época se celebra la Janucá, la fiesta de las luces, hag ha urim, durante ocho días a partir del 25 de kislev en el calendario hebreo. En este año, la fiesta se inicia el 18 de diciembre y termina el día 26 en nuestro calendario. La tradición judía recuerda la rebelión triunfante de los macabeos contra el rey seléucida Antíoco IV Epífanes y la posterior reconsagración del templo de Jerusalén.
La leyenda cuenta que sólo había aceite de olivo para encender el candelabro del templo, la menorá, durante un día, pero milagrosamente se mantuvo encendido durante ocho días. Así ahora entre los judíos es costumbre encender diariamente las luces en la menorá durante los ocho días de la Janucá para recordar ese milagro.
Probablemente, la Janucá en la que se recuerda la historia de la rebelión de los macabeos, la restauración del culto en el templo y el milagro de la menorá encendida, tiene su origen en una conflación con el hecho material y económico de la recolección de las aceitunas y su posterior prensado para extraer el aceite de olivo, un valiosísimo producto de la región bíblica, ya que el proceso generalmente comienza a finales de octubre para terminar en algún momento antes de enero. Así fue en el pasado.
Hoy parece evidente que la creciente comercialización de nuestras celebraciones decembrinas tradicionales intenta promover el consumo masivo de bienes y así cerrar el año económico de las empresas de una manera positiva.
Quizá esta explicación materialista de los fenómenos culturales, por ejemplo, las fiestas decembrinas, apunta el antropólogo Marvin Harris, nos permite entender mejor hechos que con otro modelo quedarían sin una respuesta científica. “Este enfoque, el materialismo cultural, está basado en la sencilla premisa de que la vida social humana, en tanto cultura, es una reacción frente a los problemas prácticos de la vida cotidiana, por lo que se opone tanto a las teorías que niegan cualquier valor a las explicaciones científicas del comportamiento humano como a las formulaciones empeñadas en comprender los acontecimientos cotidianos desde la ideología, los valores morales o las creencias estéticas y religiosas”.
El materialismo cultural es “una estrategia cuyos presupuestos epistemológicos entroncan con las tradiciones filosóficas de David Hume y el empirismo británico, presupuestos que desembocaron más tarde en el evolucionismo de Charles Darwin, Herbert Spencer, Edward Tylor, Henry Morgan, James Frazer, Franz Boas y el nacimiento de la antropología como disciplina académica mundialmente reconocida”. ¡Felices fiestas!
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Roberto Moreno Godoy
Educador con formación en currículum, diseño instruccional y administración educativa internacional, políticas educativas y evaluación de proyectos. Actualmente es profesor universitario y rector de la Universidad del Valle de Guatemala. Participa en varios grupos y organizaciones a favor de la educación. Con experiencia en cooperaciòn internacional, servicio público. Columnista de El Periòdico desde 2004.