1923

El Año Nuevo despierta la curiosidad por compararnos con el pasado.   Una revisión ligera de 1923 evidencia lo convulsa que era la vida en Guate hace un siglo.   Nuestros ancestros se sobreponían de los efectos de la Primera Guerra Mundial, de la “gripe española” que enterró a miles de personas sin registro, de los terremotos de 1917-18 y de la caída del dictador Manuel Estrada Cabrera. 

Hubo toda una sucesión de mandatarios, y del triunvirato surgió José María Orellana. El envalentonamiento de la masa sujeta por más de dos décadas a guardar silencio, se tradujo en manifestaciones por ventajas salariales y derechos de organización sindical, de huelgas y represión.  

El ataque mayor se dirigió contra la UFCO (United Fruit Co) y el ferrocarril (IRCA), pero también hubo movilizaciones de tipógrafos y telegrafistas, actividades que con los años no pudieron sobrevivir.    El ferrocarril se terminó, en la actualidad se quiere resucitar el proyecto para que fluya el sistema de transporte masivo que condujo al progreso a las naciones desarrolladas.   Al día de hoy, aún no tenemos tren, ni de carga ni pasajeros, y las carreteras cargan con todo el peso del comercio.

Lo curioso de la comparación es que en la actualidad también estamos viviendo la afectación por una pandemia, que sembró incertidumbre en una Guate revuelta por las manifestaciones del 2015 en la plaza.   La guerra interna ya estaba en el pasado, aunque aún existan interesados en revivir la tensión, pero no hemos sufrido terremotos.   Un siglo ha pasado y continuamos en crisis como siempre, deseando recuperar un sistema de transporte que se dejó morir, y quejándonos del tráfico en las carreteras sin admitir que pasamos de ser aldea a metrópoli, nos multiplicamos y creció la economía, pero perdimos el sistema del tren que hubiera sido de gran ayuda.

En 1923 el país no estaba tan poblado como en la actualidad, el 93 por ciento de los habitantes eran analfabetas, y nuestros antepasados vivieron días agitados.   Ese fue el año en que nació mi madre en la Antigua Guatemala, y su memoria de infancia y adolescencia estuvo marcada por la agitación nacional, por los golpes de Estado, por la pérdida de garantías, por las prohibiciones y el atraso, por el miedo, sabiéndose hija del entusiasmo de mis abuelos tras el retorno a la patria luego años en el exilio por la casualidad de un saludo de minutos de mi abuelo a conocidos que charlaban animadamente en una esquina del Centro Histórico, que resultaron ser complotistas en contra de Estrada Cabrera. 

Del incidente pudo salvarse gracias al aviso a tiempo de un pariente que lo alertó.   Mi familia empezó hace cien años un negocio con buen ánimo, cuando la situación era difícil, como ha sido siempre, y salieron adelante a su manera.  Hoy como ayer, hay que ser positivos venga lo que venga.  Las condiciones son mejores después de todo, pero los desafíos inquietantes.

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Author: Maria Suarez