Las sanguijuelas del pasado II

En España hay un número enorme de gente noble y valiente, y pienso que el pueblo es, en sus diferentes estamentos, mayoritariamente solidario y generoso.

¿Por qué escribo sobre sanguijuelas y sobre España?  Primeramente -y muchos ya lo intuirán-, porque más que referirme a personas (aunque también), las sanguijuelas son una metáfora de los pensamientos, creencias y actitudes que han colonizado nuestras mentes con el fin de desolidarizarnos del prójimo en general bajo el presupuesto de que el valor supremo de la existencia reside en el individuo y en su capacidad de producir riqueza personal por encima de las necesidades y logros de la vida comunitaria, idea que constituye la matriz esencial del fascismo. 

Y como en Guatemala ese principio ideológico es el que tanto por la fuerza como por medio de la persuasión nos ha convertido en un pueblo servil hacia los sistemas que lo pregonan (y que son el pensamiento neoliberal y las iglesias neopentecostales), es importante diseccionar semejante principio para superarlo.

En segundo lugar, es para mí un privilegio, además de un dolor, estando en España, presenciar de cerca el funcionamiento del fascismo español, que es el de más larga duración en el mundo, y el más vivo, puesto que prácticamente no hay institución pública, ni barrio, ni taberna, ni periódico, desde el año 1939, que no posea su puñado de españoletes (y españoletas) que -como sucede con el general Ubico en Guatemala-, no profesen una nostálgica admiración hacia el generalísimo Francisco Franco, que gobernó este país con mano férrea, perpetrando un genocidio (durante y después de la guerra) que totaliza aproximadamente 800,000 muertos y desaparecidos, y no menos de 150,000 exiliados. 

Entender que cuarenta años de dictadura fascista en España son una herida que perdura sin haber cicatrizado todavía, es una experiencia que nos reenvía a nuestra historia guatemalteca, la cual arrastra treinta años del conflicto armado interno y que, más que España, todavía sufre el espasmo del miedo y la incapacidad para fraguarse una salida política que plantee las bases de un pacto social efectivo y condiciones reales de superación de la pobreza y del subdesarrollo.

En España hay un número enorme de gente noble y valiente, y pienso que el pueblo es, en sus diferentes estamentos, mayoritariamente solidario y generoso. Lo que pasa es que la transición que se hizo hacia la democracia en 1978 bajo la forma de una monarquía, dejó sectores claves del Estado en manos de gente conservadora, lo que ha seguido reproduciéndose hasta la actualidad. No es sino hasta 2014 que acontece el segundo evento importante desde el fin de la dictadura, y es la creación del partido Podemos, que viene a romper el bipartidismo protagonizado por el Partido Socialista y el Partido Popular. Es entonces cuando el fascismo español, que dormitaba, levanta cabeza.







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Raúl de la Horra

Psicólogo clínico guatemalteco especializado en psicología social. Escritor y profesor universitario con experiencia en Francia, Alemania y Colombia. Actualmente radica en España.

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Author: Maria Suarez