Una larga cita de la angustiante novela El Proceso de Kafka se comió el espacio de mi columna pasada y quedó desordenada por el recorte editorial. Voy de nuevo: El presupuesto del IGSS ha llegado a la bicoca de Q.21,240 millones. Dicen las normas que tal instrumento debe diseñarse y ejecutarse en base a resultados. ¿Cuál es el resultado último?, pues ni modo una buena entrega de servicios al afiliado.
El IGSS está obligado a prestar salud y asegurar al afiliado luego de haber contribuido durante su vida laboral. Es por lo tanto un seguro social de alta importancia en esta nueva era de protecciones sociales de segunda generación.
Para prestar el servicio adecuadamente se necesita de instalaciones adecuadas pero estas son obsoletas y de esa billonada mencionada únicamente el 0.002 por ciento está asignado para inversión pública por administración, con el agravante que cuando uno se adentra en el renglón contiene asignaciones para mobiliario y no se detalla nada de estudios de preinversión, mucho menos inversiones tangibles. Es decir que no hay nueva infraestructura prevista, al menos impulsada por ese gran aparato administrativo de apoyo interno, que se come buena parte del presupuesto.
Está vigente un acuerdo con la agencia de Naciones Unidas UNOPS, y se programaron 400 millones de dólares para infraestructura. Podría ser que de un gran bolsón de reserva que se tiene se destinen recursos a ser ejecutados por tal agencia, sin embargo, ello merece una buena explicación por parte de las autoridades.
Al fisco se le solicitaron Q.4,701.3 millones para hacerle frente a todos los compromisos actuariales futuros, en donde debiera estar una indexación a las pensiones -eso no se hace desde 1,995- y los costos de salud del envejecimiento y amenazas pandémicas y post pandémicas. Sin embargo, los señorones del Ministerio de Finanzas tan sólo asignaron Q.1,339 millones. Ello quiere decir que el IGSS deberá rebajar de su presupuesto Q.3,301 millones que no llegarán y que dicho sea de paso forman parte de ese bolsón que luego se elimina y queda como cuenta por cobrar al Estado.
La institución se encuentra en una encrucijada para su crecimiento. Hace poco la Junta Directiva autorizó una migaja de aportes de tiempo cuando no se tienen cubiertas las 240 cuotas para optar a la jubilación y a la salud del Adulto Mayor. Y ello por temor de los expertos financieros, y previenen a los directivos de ampliar la cobertura porque parece que la chamarra se está encogiendo ante tantas necesidades.
Y como si ello fuera poco, con la autorización del trabajo a tiempo parcial el reglamento avalado por el Ministerio de Trabajo deja fuera de la cobertura amplia de salud a los más jóvenes trabajadores que vengan ingresando a la familia del IGSS.
Urge contar con un Observatorio de la Seguridad Social, manejado con mira en los intereses del pueblo. En mi tiempo bien recuerdo los torpedeos de unos cuantos directivos, celosos de que un cuerpo visor y paralelo les estuviera contando las costillas. Así es el corporativismo, que debiera ser derrotado por más democracia, mayor ciudadanía e impulso a los derechos sociales de segunda generación. ¡Está por verse qué candidato se anima por lo menos a mencionar estos desafíos!.
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Édgar Balsells
Un interesado en la acción colectiva. Socio y fundador de Consultoria y Asesoria Centroamericana.