Es representativo de cómo el Estado de Guatemala ha violado permanentemente los derechos de la niñez que, como sabemos, ha estado sujeta históricamente a maltratos, torturas, violencia sexual, laboral,
La impunidad que predomina en el sistema judicial sigue dando zarpazos a lo que se había construido para fortalecer órganos democráticos que atendieran las necesidades de la población. Personajes corruptos encabezan esa cruzada espuria en favor de delincuentes amparados por el pacto de impunidad.
Así las cosas, no sorprende que nuevamente se haya pospuesto la audiencia programada para dar inicio al juicio por el tristemente conocido caso del Hogar Virgen de la Asunción, donde murieron trágicamente 41 niñas y adolescentes y 15 más quedaron gravemente lesionadas que estaban bajo el supuesto “abrigo protector” de las autoridades de Bienestar Social durante el gobierno del fantoche Jimmy Morales, también señalado como responsable de dicho crimen.
Este caso es representativo de cómo el Estado de Guatemala ha violado permanentemente los derechos de la niñez que, como sabemos, ha estado sujeta históricamente a maltratos, torturas, violencia sexual, laboral, política y cultural, con la excepción de los diez años en que se la puso en el centro de las políticas revolucionarias que invirtieron en cuidados para esa población que debería ser prioritaria para todos los gobiernos.
Organizaciones de mujeres y feministas han tratado de implementar medidas que protejan a la niñez, que le posibiliten crecer en condiciones idóneas para llegar a la vida adulta y aportar al bienestar colectivo. En ese sentido, se han impulsado proyectos, leyes y mecanismos para luchar contra las políticas de explotación de todo tipo y por garantizarles vidas dignas. Han sido auténticas batallas contra regímenes basados en el ejercicio de poder autoritario que conciben a las personas como fuerza de trabajo desechable y a las mujeres como objetos sin valor. Los pasos dados en esa dirección han dado algunos resultados, pero no han llegado a la raíz, ni a soluciones definitivas.
Desde nuestra perspectiva, las niñas tendrían que ser bienvenidas al mundo con amor, tanto en sus familias de origen como en todos los espacios de la vida en sociedad. Esto implicaría la puesta en práctica de medidas contundentes que las valoren y reconozcan como sujetas de derechos. Y eso a su vez se traduciría en castigos para quienes las agredan o violenten, problema que no se quiere abordar porque se asume que es una práctica “normal” que padres, parientes y personas cercanas (como maestros, curas, amistades) las toqueteen, las insulten y las utilicen para sus torvos fines.
La libertad es el camino para la felicidad porque significa que las personas gozan de condiciones para desarrollar sus habilidades y pueden vivir sin temor, con seguridad. La libertad se basa en el respeto mutuo, en el reconocimiento de las diferencias, en la lucha común por una convivencia pacífica.
Garantizarle a la mayoría de la población infantil y juvenil ambientes adecuados, a alimentación y salud, a vivienda y cobijo, a educación laica y gratuita, a tener acceso al conocimiento y a condiciones para realizarse como personas libres, aquí en Guatemala suena utópico. Pero no sólo es necesario, sino posible. Las niñas de Guatemala merecen ser y vivir felices, y esa es una responsabilidad que nos compete como sociedad.
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La Cuerda
Asociación feminista que trabaja por la emancipación y el cuidado de la red de la vida.