Me preguntaron si las multitudinarias marchas que han llenado calles y avenidas de todo el país pueden en realidad representar una gran preocupación para la estabilidad del régimen de Nicolás Maduro. La respuesta, sin titubeo alguno, no puede ser otro que un categórico SÍ, en supremas mayúsculas. A mi no me queda duda que a los usurpadores de Miraflores desde el pasado 9 de enero, cuando se inició este nuevo ciclo de protestas, el insomnio se ha agudizado por la sobrecarga de nerviosismo.