Se disfraza a las dictaduras con velos democráticos, sin sus contenidos
La democracia vive días muy complicados. No es ocurrencia de quien esto escribe, es constatar que desde hace varios años hay un proceso que anuncia una suerte de desencanto o de agotamiento de la democracia liberal y en contrapartida, un cierre de espacios que viene desde la derecha neoliberal a ultranza. Es el caso de Trump, de Bolsonaro o de las fuerzas oscuras aliadas al fujimorismo de Perú, con la presidenta fascista Dina Boluarte. Al tema brasileño se ha referido de manera amplia Boaventura de Souza, en amplio ensayo, mientras que, en tono más periodístico, Héctor Silva pasa revista al tema puesto sobre la mesa por Trump, la copia mejorada de Bolsonarismo, y agrega valoraciones sobre el tema salvadoreño.
A los temas que proponen con bastante lucidez los escritores mencionados, se podría agregar otro tipo de fenómenos. Son los golpes de estado “legales” que hemos visto en los tiempos recientes en Bolivia, Perú, o antes el de Honduras o Paraguay. Con ello se estaría anunciando una nueva versión de la democracia: es el golpismo moderno, que, ante cualquier sospecha, pone por delante un par de temas de orden constitucional para decir, lo que hicimos está en ley. ¡Entonces, el golpe de estado se convierte en un engendro de la democracia!
Es entre otras razones este tipo de performances de las derechas conservadoras en el continente, lo que, junto al proceso de destrucción democrática de nuestro país, me llevó desde hace algunos años a plantear la disyuntiva histórica: democracia o barbarie. Es obvio que ello tiene que ver con el tema planteado en inicio del siglo XX por la revolucionaria alemana Rosa Luxemburgo, solo que, en su caso, al plantear socialismo o barbarie. Este último tema es evidente que no agradara para nada a los derechones guatemaltecos y de otras latitudes.
Aquí es en donde vuelvo a Boaventura de Souza que desde hace un tiempo señala con razón de sobra, que en la actualidad la tarea de los revolucionarios, progresistas o de izquierda, es la defensa de la democracia liberal ante la tendencia que los Trump, Bolsonaro, y tantos otros, que pretenden arrinconar a la democracia en cuarto de las cosas inservibles, pero no en el centro de la mesa principal de un país cualquiera que este sea.
Lo más grave, sin embargo, es que la democracia se pretende cada día que pasa, ser despojada de sus contenidos sociales, de mayorías, de consensos, de bienestar, para convertir la democracia en una expresión vacía de contenido, en donde no hay beneficios sociales, aceptación por las mayorías, acuerdos extendidos, menos bien común. Es la conversión de la democracia en su contrario histórico. Es por ello que ahora se pretende disfrazar a las dictaduras con velos democráticos, pero sin los contenidos que ello presupone.
Lo que se señala en los párrafos anteriores es lo que está en juego en las próximas elecciones. Es la disyuntiva que tenemos ante nosotros: democracia o barbarie. No es casual que el golpe de estado en el Perú que hoy lleva más de 50 muertos en las calles, pretenda decir que eso es el costo de la democracia o que es el resultado de cualquier invento vinculado al comunismo-terrorismo, etc. Y como se dice, en nuestro país no se canta mal las rancheras. Es por ello que asistimos la perversión de la justicia, al estrechamiento de la libertad de prensa, a la criminalización de las demandas sociales, a la vulgarización de la política, a la extinción gradual del estado de derecho.
Es por ello que el discurso de Gustavo Petro, en el palacio de la Moneda en Chile, evocando el golpe de estado contra Salvador Allende el presidente bueno, en el año 1973, le haya dedicado tiempo y en verdad, muchos argumentos sólidos, a la idea de que los fascistas quieren regresar y gobernar de nuevo sin los impedimentos de la democracia, o dicho, en otros términos, sin los problemas que la democracia implica en su cumplimiento. Pues a los nuevos derechistas como a los de antes, no les interesan los beneficios sociales, los acuerdos políticos, el bien común, los derechos civiles de todos. Es de nuevo, la apropiación del trabajo de las mayorías por la fuerza. Sea de las armas o con el uso y abuso de las leyes antojadizas.
En otras palabras, es el reino de la barbarie sobre la democracia lo que se pretende. Países sin estado de derecho, sin garantías sociales, sin acuerdos políticos para la gobernanza, sin respeto por las instituciones democráticas. En suma, la barbarie. Es como se señala, lo que está en juego en el próximo evento electoral. Y ante ello, los progresistas deberían al menos, intentar la más grande alianza para evitar que se consume la barbarie sobre la democracia. Estamos avisados.
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Miguel Ángel Sandoval
Sociólogo, periodista, escritor. Fue negociador de la paz, activista social, en lucha constante por un país justo, con oportunidades para todos. Odia la corrupción y la impunidad.