No les falta razón a quienes sostienen que “poderoso caballero es Don Dinero”. O a quienes argumentan que en cuestiones los “Estados no tienen amistades, solo intereses”. Un par de verdades que deberían ayudarnos a poner en perspectiva y matizar el desmedido interés que hoy provocan términos como el “nearshoring” y su concepto hermano, el “friendshoring”. Dos slogans acuñados en países del primer mundo para denotar, el primero de ellos, el proceso de relocalización de las grandes inversiones en capacidad productiva que migraron hacia Asia y, el segundo de ellos, para referirse al interés de relocalizarse en jurisdicciones políticamente estables, amigables con la inversión y, hasta cierto punto, “aliadas” a los intereses de las grandes potencias occidentales. Amistad y cercanía, dos conceptos con poderosa carga simbólica en el mundo de las relaciones interpersonales, sobre todo cuando existe de por medio algún vínculo familiar, étnico, religioso o de cualquier otra índole que modula la búsqueda del interés propio de las partes. Conceptos que, como metáforas del nuevo apetito de las compañías transnacionales, ayudan poco a comprender las dimensiones y profundidad de lo que implica esta reconfiguración global del capitalismo.
El valor simbólico que estos dos conceptos tienen en el mundo de las relaciones humanas, no necesariamente puede extrapolarse al mundo de los negocios globales. Al mundo del comercio mundial impersonal, en donde la consideración más importante de inversionistas y empresas es la búsqueda de ganancias y la protección de sus intereses. Muy amigos podemos creernos de E.U.A., México y Canadá y muy cerca estar de los dos primeros países, que mientras las condiciones políticas, productivas, regulatorias, políticas y de la infraestructura no sean las mejores para los intereses de los inversionistas y compañías internacionales, difícilmente se sacará el máximo provecho al nuevo entorno mundial. Descarnadamente hablando, en términos de cercanía y amistad, México le gana por mucho a cualquier país de la región. En términos de la estabilidad política y social, la región ofrece nada muy distinto a México. En términos de cercanía, no hay forma de competir con la región de la Frontera Norte o del Centro de México. En términos de la calidad del ambiente para hacer negocios y disponibilidad y calidad de la e infraestructura productiva y logística, nuestro vecino del Norte nos lleva la ventaja. Para bien o para mal, cuando de hacer negocios se trata, más puede Don Dinero y la protección de los propios intereses, que la amistad y cercanía.
