El servidor público tiene la responsabilidad, con su trabajo, de construir una sociedad más sana, más educada, más segura, más limpia, menos caótica y más desarrollada.
- El servicio público debe ser entendido como un privilegio. El privilegio de servir. De dar, de construir país y dar lo mejor que sí.
- Un servidor público comprende que su trabajo responde a una misión: la de SERVIR. Por ende, el servicio público, construye patria.
- Un servidor público, sabe que su verdadero jefe y a quien se deben sus jefes no es algún “alto funcionario” en la oficina sino la ciudadanía, esa que recibe los servicios del Estado, esa que hace cola para el trámite, esa que vota y paga el sueldo del servidor público con los impuestos que tributa.
- Un servidor público entiende que su trabajo es la base fundamental para el bienestar de todas las personas en el País. El servidor publico que está en la ventanilla recibiendo papelería, en el pasillo barriendo el piso o en la oficina tomando decisiones, merece ser tratados con respeto, pero también el servidor público debe tratar a quienes sirve con respeto. Porque es lo correcto a hacer. Porque es lo que se espera de usted. Pero también porque hoy está usted de un lado de la ventanilla, pero también está, como cualquier ciudadano, del otro lado, en otra oficina, haciendo cualquier otra gestión.
- El respeto es de dos vías. Como cualquier otro profesional, un servidor público no debe salir más tarde de su hora de trabajo por capricho de sus superiores, pero tampoco cerrar la ventanilla más temprano por capricho propio. El tiempo que usted pasa trabajando es tan valioso como el tiempo de a quien usted se debe y a quien usted sirve. El respeto a su tiempo y el respeto al tiempo de la ciudadanía es igualmente valioso.
- El dinero que usted toca, administra, maneja o por el cual decide es Sagrado. Cada centavo que llega a sus manos es producto del esfuerzo del trabajo de mucha gente que, confiando en usted, paga sus impuestos debidamente.
- Quien llega a ser servidor público comprende que el peso de que sus decisiones impactan en muchas personas, como también sus omisiones y errores. Entiende que la ciudadanía tiene los ojos puestos en usted y mucha esperanza en su gestión. Por ello su trabajo no es trivial ni menos importante que el de quien trabaja en el sector privado.
- Un servidor público debe ser premiado con el reconocimiento social, el aplauso y la celebración cuando hace su trabajo mejor de lo esperado pero castigado con el rechazo, el castigo legal y la condena social si es corrupto, mediocre, haragán o pusilánime en su actuar.
- Un servidor que sirve, sirve, y su trabajo trasciende más allá del voto que hace en El Pleno, de la decisión de política que toma en la sala de sesiones, del sello que coloca en el papel detrás de la ventanilla, del formulario que ingresa al sistema o del corredor que trapea en el edificio. El servidor público tiene la responsabilidad, con su trabajo, de construir una sociedad más sana, más educada, más segura, más limpia, menos caótica y más desarrollada.
- El servidor que sirve, con sus acciones ayudará a proteger el bosque, a limpiar el aire que respira, el agua que todos tomamos o la salud de las generaciones que aún no han nacido.
- Un servidor público también es una persona que tiene sus propios problemas y lucha sus propias batallas, pero no por eso, va a dejar de ser responsable con lo que hace.
- El servidor público debe tener esta certera frase pegada en el espejo de su baño, grabada en su cabeza y soldada en su corazón: “Quien sirve, sirve y quien no sirve, no sirve”.
En la sección de Opinión se publican columnas como contribución al debate público, las cuales son responsabilidad exclusiva de su autor y no representan la visión de elPeriódico o la de su línea editorial.

Samuel Pérez Attias
Economista y profesor universitario. Escribe por convicción y no por compromiso. Más que optimista o pesimista, prefiero ser realista.