Depredación desde el IGSS

En el afán depredador por parte de la burocracia del seguro social, la inscripción de oficio tendrá efectos retroactivos para el pago de las mal llamadas contribuciones, que en realidad son formas de expoliación.

El Instituto Guatemalteco de Seguridad Social dispuso que, a partir del 17 de enero pasado, todo patrono debe inscribirse en el IGSS aunque cuente sólo con los servicios de un trabajador.  Los perpetradores de esa medida dicen que la misma incentivará la incorporación de las micro, pequeñas y medianas empresas, así como otros emprendimientos y, seguramente, creen que eso es cierto.   Lo que va a pasar, sin embargo, es que la nueva medida depredadora va a incentivar la informalidad.

Para forzar el registro, el IGSS va a usar sus acuerdos con otras instancias gubernamentales para identificar e inscribir de oficio a quienes intenten quedar al margen de los tentáculos del seguro social monopólico, centralizado y coercitivo del estado.

En el afán depredador por parte de la burocracia del seguro social, la inscripción de oficio tendrá efectos retroactivos para el pago de las mal llamadas contribuciones, que en realidad son formas de expoliación.  Es decir, formas de quitarle a los generadores de empleo, de forma injusta y con amenazas, lo que les pertenece.  Injusta porque la disposición es unilateral, injusta porque no hay proporción entre el despojo y los supuestos beneficios, injusta porque castiga la productividad y a los más vulnerables.  Un castigo que pesa más en tiempos de inflación y en tiempos de encarecimiento artificial y político del tipo de cambio.  Un castigo que pesa más en tiempos en que los combustibles están carísimos, en parte por las dos circunstancias recién mencionadas.

La nueva disposición es una caja de Pandora porque abre la posibilidad para otras formas de abuso por parte del IGSS al desnaturalizar los contratos de, por ejemplo, las personas que cobran con factura y trabajan por horario.  Personas que podrían echar a andar la maquinaria que fuerza la inscripción de oficio.

A lo largo de su existencia ominosa a lo largo de más de 70 años, el IGSS no ha conseguido ser el instrumento que los trabajadores guatemaltecos necesitan para mejorar su calidad de vida en términos de servicios de salud y en términos de protección en casos de invalidez, vejez y sobrevivencia.  En el IGSS, sin embargo, toda su vida han medrado redes de corrupción.

En el libro Del monopolio a la libertad, Alfonso Abril puso en evidencia los vicios originales del esquema del IGSS.  Esquema que consecuencia del racionalismo constructivista revolucionario de los años 40 y de un mandato que vino a Hispanoamérica desde Washington D.C. 

A los trabajadores sometidos a su régimen, el IGSS les anula el derecho de propiedad y el control de los ahorros, del mismo modo que les mina sus libertades de contratación y de asociación.  Los trabajadores están forzados a pagar, sí, o sí. 

La existencia del IGSS depende de la legislación y del poder coactivo del gobierno; pero ¿sabes que el gobierno no paga sus cuotas? El gobierno tiene una deuda acumulada de más de 35 mil millones (al momento en que fue publicado el libro, en 2017 y la deuda sigue creciendo). 

Abril afirma, y coincido con él, en que el IGSS “deshonra a los trabajadores” porque no respeta la dignidad de los pacientes, ni de quienes están sometidos a su régimen de IVS; por ser una Institución corrupta saqueada por políticos, burócratas, empleados, y proveedores; y, porque además, en la mayoría de los casos, es un modelo sumamente injusto para los trabajadores más pobres.

El zarpazo del IGSS al segmento más vulnerable del sector voluntario de la economía no es de naturaleza financiera; ya que, como el seguro social chapín no ajusta las pensiones para sus supuestos protegidos, no corre el riesgo de descapitalizarse como ocurre con otros esquemas similares.  En ese sentido es peor que un sistema piramidal y la nueva disposición sólo hiede a pura depredación y expoliación.

¡Pero es una conquista revolucionaria!…¿Verdad?   

¿Te la comparto?  Cortas pan francés del día anterior en cubos y los remojas en vino blanco; remojados los cubos, no empapados.  Picas los menudos del pavo y los fríes en mantequilla abundante y los sazonas con sal y pimienta.  Añades cebolla y apio picados fino.  A esa mezcla le sumas castañas y champiñones en rodajas y vuelves a sazonar.  Ahora es el momento de agregar salvia en polvo y perejil picado fino.  Cuando esa mezcla ya está unificada le añades el pan remojado en vino y te aseguras de que la mezcla quede pareja y vuelves a revisar la sazón.  El pan debe integrarse a los ingredientes anteriores; pero no debe convertirse en una masa.  ¡Esa es la clave!   

Para mí, el pavo es sólo un vehículo para conseguir el relleno horneado.  Esta última es mi parte favorita, aunque, la verdad sea dicha, nunca le digo que no a una buena rodaja de carne oscura.  Mami decía que comer pechuga es como comer sábana; y aunque en casa nunca nos sale reseco el pavo, estoy de acuerdo con mi bisabuela.  Por mucho, ¡prefiero la carne oscura!  

Todo aquello, sin embargo, no tiene la menor importancia si no es compartido con personas que amo, o por lo menos que les tengo cariño.  En casa, en realidad, celebramos el solsticio de invierno, yuletide, las saturnalias, la nochebuena y la navidad.  Celebraríamos kwanza, ¿por qué no? Algunas de aquellas personas están presentes, y otras están en el recuerdo. 

No tengo pruebas; pero tampoco tengo dudas de que los abrazos navideños de los seres queridos…e incluso de desconocidos son los mejores.  Desde que era niño, cuando mis padres nos despertaban a mis hermanos y a mí a la medianoche, con el coheterío, y nos bajaban a la sala para ver la casa iluminada y los regalos, mi parte favorita eran los gritos de ¡Feliz navidad! y los abrazos.  Dime si no es dulce y encantador el momento de los abrazos.

Actualmente, en casa cenamos temprano y aprovechamos las visitas de familia y amigos.  Pero en aquel tiempo la cena se servía a la media noche porque la fiesta seguía hasta que los adultos quisieran.  De modo que al bajar había aromas, sabores, texturas y sonidos que fueron sumándose al baúl de los recuerdos más queridos.  El sonido de mi tortuga aporreada con un chinchín pintado con nij, por ejemplo. La letra y la música de A la rorro niño… y de O Tannembaum, para mencionar algo más. 

Ya un poco mayor, ¿quién podía impedir que despenicáramos una ametralladora de cohetes y nos dedicáramos al antiguo arte de quemar uno por uno los petardos? ¿Quién podía evitar que fumáramos el cigarrillo que usábamos para encender los cohetes? ¿Quién podía evitar una guerrita? 

Para mí, y en casa, estas fiestas son para vivirlas del modo en que nos hace felices.  Son para conectarnos con las generaciones que nos han precedido y con las que están llenando sus propios baúles de recuerdos.  Son para celebrar la vida; de modo que, a ti y a tu familia, desde estas líneas y desde nuestros corazones, les deseamos paz, salud, prosperidad y amor. 

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Luis Figueroa

Autor del blog Carpe Diem en luisfi61.com. Investigador del Centro de Estudios Económico-Sociales. Objetivista, cocinero y observador de las estrellas.

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Author: Maria Suarez