Oscuro Pío XII y el espiritual Juan XXIII (I)

Para entender mejor lo ocurrido hay que ir a la historia cuando en 1870 la unificada Italia le quitó al papado los Estados Pontificios y el Vaticano quedó supeditado a la soberanía de la nueva república italiana.

Fernando González Davison

Tuit

Nueva documentación dada por la Santa Sede ha producido dos libros nuevos que han sido reseñados recién por Tim Parks en The New York Review of Books “The Pope´s Many Silences”, y se refiere al papel que desempeñó el Papa Pío XII antes y durante la II Guerra Mundial, toreando al fascismo y el nazismo con un silencio deleznable y palabras ambiguas para quedar bien con una y otra parte, es decir, con Hitler y Mussolini, en especial en torno a la persecución de católicos y judíos. En cuanto a los primeros, vino el chantaje del III Reich que el Führer haría público los abusos sexuales cometidos en Alemania por monjes y curas si la Iglesia hacía política. De esa cuenta el Papa indicado se vio obligado a quemar los expedientes de tales religiosos para evitar el chantaje hitleriano. El ministro de Relaciones Exterior de Hitler, Joachim von Ribbentrop dijo que no le tenía estima a la iglesia y no le aclaró al Papa si creía en Dios, aunque rechazó una iglesia católica politizada. Agregó, que los oficiales alemanes lo que querían era la paz, pero el Papa replicó: “Tal paz lo que parece es de las masacres de curas y judíos en Polonia”. En 1939 Moscú y Berlín acordaron un pacto de no agresión (y amistad), que dejó sin respaldo moscovita a la República Española entre otras cosas, amén del reparto de Polonia a la mitad para una y otra potencia. Ese año el Papa Pío XII condenó el racismo en su primera encíclica Summi Pontificatus, pero no la invasión y el reparto de Polonia, como no lo hizo su antecesor Pío XI con la ocupación nazi de parte de Checoslovaquia un año atrás.

Para entender mejor lo ocurrido hay que ir a la historia cuando en 1870 la unificada Italia le quitó al papado los Estados Pontificios y el Vaticano quedó supeditado a la soberanía de la nueva república italiana. Ese conflicto al fin se arregló en 1929 con Mussolini y Pío XI en el Acuerdo de Letrán, donde la Santa Sede obtuvo la soberanía para El Vaticano, y Il Duce obtuvo a cambio el soporte político de la Iglesia. Mientras el fascismo se fue ligando cada vez más con el nazismo, Mussolini decretó las Leyes Raciales, parecidas a las de Hitler con los judíos en cuestión. El nuncio en Berlín, Eugenio Pacelli (futuro Pío XII), se volvió muy cercano al Papa Pío XI y le informó sobre el ascenso de los fanáticos anticatólicos en Alemania con el ascenso de Hitler, por lo que debían ser cautos para evitar la persecución de los católicos por los nazis. Pío XI estaba en un dilema: perder los derechos del Acuerdo de Letrán de su soberanía en el Vaticano o condenar la persecución política por razones raciales tanto en Alemania como en Italia. Mientras Pacelli le decía que si la iglesia se oponía a Hitler continuaría la persecución de los católicos como en los primeros siglos del cristianismo. Y ¿qué hacer con los judíos perseguidos por el Reich? El Papa Pío XI dispuso enfrentar a los dos dictadores y escribió una crítica dura contra el nazismo en una encíclica papal que sería publicada el 11 de febrero de 1939, pero murió un día antes (algo muy sospechoso), y Pacelli mandó destruir todas las copias de la encíclica bajo la presión imperiosa de Mussolini. Así, todo el séquito cercano a los dos dictadores aplaudió la elección de Pacelli como Papa Pío XII con la simpatía de Berlín y Roma. Hay que decirlo: la guerra civil española tuvo como contendientes a los republicanos (comunistas, anarquistas y socialdemócratas) en contra de los militares españoles que le dieron un golpe de Estado a la república con el apoyo militar de Hitler y Mussolini y la bendición de la jerarquía católica y la aristocracia española. Ya Pío XII sabía de las atrocidades nazis, pero no las decía por temor a ambos dictadores pensando en salvar los intereses de la Santa Sede, pero a costa de perder la obligación moral de condenar en especial la persecución de judíos y gitanos en los territorios ocupados por el III Reich. No era suficiente solicitar al consulado brasileño tres mil visas cada mes por un año para mandar ese número de judíos a Brasil para salvarlos así del holocausto, del que ya se tenía conocimiento en Roma. 







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Fernando Gonzalez Davison

Fernando González Davison

FGD, guatemalteco (1948), abogado, con estudios de desarrollo económico en las universidades de París y de Ginebra. Fue profesor invitado de las universidades de Estocolmo, Tulane y Georgetown. Embajador en Japón, Singapur y países sudamericanos. Ganador del Premio Guatemalteco de Novela (1987) y Monteforte Toledo de Novela (2000). Entre sus mejores novelas históricas están Oscura Transparencia, la caída de Árbenz, La montaña infinita y Los peores días, editada por Alfaguara.

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Author: Maria Suarez