Regreso al futuro

Así llegamos al presente con un Vladimir Putin que después que tanto directa (como presidente) o indirectamente (como poder tras la presidencia y primer ministro) gobierna Rusia desde 1999

Así como podemos hablar de la historia de muchos países en América Latina a través de sus caudillos (como el caso de Guatemala) es inevitable hacer lo mismo con Rusia, pero no con caudillos sino con zares. El período de la Unión Soviética entre 1922 y 1991 también puede ser explicado a través de la figura de un Josef Stalin, que si bien no fue un zar pero actuó como tal. Para muchos analistas, Rusia, por su extensión, no puede ser gobernada eficientemente sino es por un líder autoritario que represente la unión entre las llamadas cuatro Rusias: la occidental, la eslava, Siberia y el extremo oriental. De la misma manera en que podemos hablar de la historia del país más grande del mundo debemos recordar que la gobernanza de dicho país siempre ha estado atada al debate entre ser un imperio Euro – Asiático como lo quiso su primer zar Iván el Terrible (1547 – 1584) o un imperio o potencia de corte occidental como lo quiso Pedro el Grande (1682 – 1725). La búsqueda de ser un imperio Euro – Asiático fue siempre la opción preferida de la mayoría incluido Stalin con las notables excepciones de Catalina la Grande (1762 – 1796) y Alejandro II conocido como el Libertador (1855 – 1881). 

 

Así llegamos al presente con un Vladimir Putin que después que tanto directa (como presidente) o indirectamente (como poder tras la presidencia y primer ministro) gobierna Rusia desde 1999 y sí, también actúa como un zar y también busca hacer de Rusia un imperio Euro – Asiático. Su gestión ha estado marcada por un control territorial basado en la explotación de recursos naturales, una represión a cualquier que se atreva a desafiar su poder político y en guerras: la segunda guerra de Chechenia, la invasión a Georgia, la invasión a Ucrania para la ocupación de Crimea y la actual “operación militar especial” contra Ucrania. 

 

Putin se juega su legado en la actualidad, desea ser recordado como el héroe que recuperó el mundo ruso, o como Huntington la hubiera llamado la civilización ortodoxa. Sin embargo, los países de Europa del Este ya han quedado fuera de esa posibilidad, no así las ex repúblicas soviéticas empezando por la más importante de ellas en términos geopolíticos: Ucrania. Es por esta razón que la historia importa y por eso que ayer en el 80 aniversario de la batalla de Stalingrado Putin ha sido claro: “Es increíble pero cierto, estamos nuevamente amenazados por los tanques Leopard alemanes con sus cruces pintadas en su armadura”. Su referencia es clara al nazismo pero también a lo que han sido los planes de Europa de conquistar Rusia al decir “Una y otra vez estamos obligados a repeler la agresión de una Europa colectiva” en referencia a Napoleón, Hitler y hoy en día a la Unión Europea. 

 

Putin hace referencia al pasado para marcar el futuro de su visión imperial y recuperación del mundo ruso y su intención de lograr sus objetivos inmediatos con Ucrania que son cercenar el país y mantener un control sobre el Mar Negro, el Cáucaso y su influencia en el Mar Caspio. Su apuesta es arriesgada pero ya no hay vuelta atrás.

El invierno ruso fue un factor determinante para poner fin a las intenciones geopolíticas de Napoléón Bonaparte en el siglo XIX y eliminó la última gran ofensiva nazi a la Unión Soviética en el siglo XX. La diferencia es que en ambas ocasiones los ucranianos eran parte, primero del imperio ruso y luego de la Unión Soviética y en este caso no son una fuerza invasora. Sin embargo, enfrentar un invierno en aquella parte del mundo sin acceso a gas ni energía eléctrica es una amenaza que afectará a la población ucraniana y que Moscú espera que se de un movimiento de abajo hacia arriba que obligue a Zelenski a levantar una bandera blanca. 

La visita del presidente Zelensky a EE. UU. confirma la importancia de estos en el conflicto y Rusia lo sabe. Si los EE. UU. deciden que se el territorio del Dombás y otros territorios ocupados como rusos el conflicto llegaría a su fin y Ucrania solamente podría mantener una especie de guerra de guerrillas pero sin el apoyo financiero y de armas de parte de occidente. Pero el presidente Biden ha dicho que apoyarán a Ucrania “por el tiempo que sea necesario” lo oficializa un conflicto de desgaste en donde occidente también apostará a una presión social de la población rusa debido a las sanciones económicas que sufren. Las declaraciones de Zelenski ante miembros del legislativo de los EE.UU. solicitando más cooperación diciendo “no es ayuda, es una inversión” fueron dirigidas a algunos miembros del partido republicanos, que al igual que otros políticos en países de la Unión Europea dudan sobre seguirle dando “cheques en blanco” a un Zelenski que sigue manteniéndose por la imagen que proyecta.

Por último, el conflicto nos seguirá afectando a todos y los precios de gas, combustibles y derivados y de algunos granos básicos subirán. Aparte de esto el mundo enfrentará una recesión económica y el mercado negro de armas de destrucción masiva en Eurasia ya es una realidad. Estos factores han influenciado fuertemente el conflicto pero con el tiempo serán decisivos y dependerá de cuál de las partes aguantará más y las apuestas a futuro que Washington, Moscú y Kiev tomen. De momento, se vienen días difíciles para Ucrania y su gente.







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Roberto Antonio Wagner

Consultor y analista de política y relaciones internacionales, catedrático universitario, columnista y ex funcionario diplomático. Interesado en historia, cultura y política de América Latina, Estados Unidos y Euroasia. @robertoantoniow

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Author: Maria Suarez