El colega nos invitó a comparar Guatemala con países africanos, algo que desde hace algún tiempo también he contemplado como un ejercicio útil.
Hace unos días un distinguido colega que trabaja en el Banco Mundial compartió con los miembros de un chat en el que estoy un mapa del mundo, con distintos colores asignados a cada país. Guatemala tenía color amarillo, a diferencia de todos los países de América Latina, pero igual que un número grande de países de África que están al sur del Sahara. Los países amarillos eran los que tenían una desnutrición crónica mayor al 30%. El colega nos invitó a comparar Guatemala con países africanos, algo que desde hace algún tiempo también he contemplado como un ejercicio útil.
Guatemala, comparada con la mayoría de los países africanos, resalta positivamente por su estabilidad macroeconómica. Conviene reconocerlo. Pero los pueblos no viven de la estabilidad macroeconómica. Para comenzar, la tasa de crecimiento económico de África al sur del Sahara prevista para el 2023 y el 2024, de 3.8 y 4.1%, es superior a la mediocre tendencia de 3.5% de Guatemala. Pero, además, el Fondo Monetario Internacional plantea cuatro grandes desafíos para el África subsahariana que también enfrenta Guatemala: reducir la inseguridad alimentaria, implementar una política monetaria prudente, consolidar la política fiscal y establecer las bases de un crecimiento sostenible (verde). Destacan mucho el tema de la inseguridad alimentaria, como lo hace el Banco Mundial. Para vivir los pueblos requieren alimentarse. E incluso el promedio de desnutrición crónica de África subsahariana, de 34%, es menor al de Guatemala. Una estimación espeluznante del Instituto Centroamericano de Nutrición de Centroamérica y Panamá que descubrí hace poco es que entre 1954 y el 2018 hubo casi 700 mil muertes prematuras por desnutrición en Guatemala, casi lo mismo que El Salvador, Honduras y República Dominicana juntos.
Como en los países africanos, en Guatemala los alimentos pesan mucho más en los ingresos de las familias más pobres. Con el gasto en energía sucede lo contrario: los más ricos gastan una mayor proporción de sus ingresos en combustibles. Pero, al igual que en África, también en Guatemala se ha subsidiado el consumo de combustibles, no centrado en los más pobres y caro: favorece a los que más gastan y no a los que más apoyo necesitan. Además, en varios países africanos, como en Guatemala, las familias enfrentan la inseguridad alimentaria disminuyendo la cantidad y la frecuencia de sus alimentos consumidos, pasando hasta un día sin comida, pidiendo prestada comida y dinero para comprarla, dependiendo de asistencia alimentaria circunstancial y migrando. Los resultados son más desnutrición y otras enfermedades asociadas a la desnutrición. Así que resulta válido comparar Guatemala con el África subsahariana cuando de seguridad alimentaria se trata. Podremos estar muy orgullosos de nuestra estabilidad macroeconómica, pero no de nuestra seguridad alimentaria. Y otros temas, como la capacidad tributaria, ameritan comparaciones similares.
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Juan Alberto Fuentes Knight
Economista, funcionario de organizaciones no gubernamentales, y político guatemalteco. Autor del libro «La Economía Atrapada». Fue Ministro de Finanzas de Guatemala y presidente de la junta de Oxfam International.