La montaña rusa de Valverde

El pasado verano, Ancelotti llamó a su despacho a Federico Valverde. En el caso de un futbolista de élite, la pretemporada es un momento ideal para marcarse propósitos, como hacen el resto de los mortales en Nochevieja. En el caso del uruguayo, el objetivo se lo mostró su técnico. Si no marcaba, como mínimo, diez goles esta temporada él rompería su carnet de entrenador. Bajo el prisma de Carletto , un futbolista con su capacidad para llegar al área contraria y con su llamativa potencia en el disparo no debería bajar de esa cifra de tantos, y Valverde tomó buena nota. Noticia Relacionada Fútbol reportaje Si Vinicius en el origen: un padre ejemplar, fútbol sala, malas notas, drogas acechando y cero racismo Rubén Cañizares El Mundial de clubes aleja por unos días al brasileño de la gresca con la que convive en el torneo nacional y le reencuentra con el club que lo formó, el Flamengo. Un viaje a sus primeros pasos de la mano de sus descubridores Sus registros hasta entonces eran pobres. Ningún gol en la temporada 18-19, dos en el curso 19-20, tres en el 20-21 y solo uno en la 21-22. En total, seis goles en sus cuatro años en el primer equipo. Esta campaña entre agosto y noviembre, ya había anotado ocho dianas y había repartido cuatro asistencias, pero llegó el Mundial y con él sus terribles consecuencias. La cruel e inesperada eliminación de Uruguay en la primera fase le hizo bastante daño. «Sí que me afectó, porque es el sueño de un niño y de millones de personas de un país, y vas con el optimismo de que todo va a salir bien. Claro que está ahí la tristeza de que parece que todo ese trabajo que hiciste antes del Mundial no sirve de nada. La lectura que saco es que te hace mejorar para saber que no siempre en el fútbol pasan cosas buenas. Mi rendimiento era bueno y después de Qatar no es el mismo», detalla el uruguayo, que no solo está sufriendo sobre el campo, sino también fuera de él, donde ha pasado por un problema personal de importancia que, como a todo ser humano, le está afectando también en su rendimiento, aunque él haga todo lo posible porque no sea así. «Cuando entras al campo quieres evadirte de lo que hay afuera del fútbol e intentar disfrutar. Mi familia me da los consejos que necesito, pero si las cosas no te salen, por equis o por lo que sea, te da rabia. Soy muy competitivo, amo ganar, y si el resultado no es el que quiero, me genera enojo. Son cosas que tengo que mejorar. Hay obstáculos, hay que estar preparado y salir de ellos más fuerte», reflexiona uno de los futuros capitanes del Real Madrid. Noticia Relacionada Mundial de clubes estandar No Al-Ahly, el Real Madrid africano y árabe: «Tiene 90 millones de egipcios detrás» Rubén Cañizares Es el equipo con más títulos en la historia del fútbol (140) y tiene un poder financiero y una masa social a la altura de los grandes de Europa Suena tal y como se lee. Valverde tiene entre ceja y ceja hacer historia en el club blanco y llevar el brazalete más temprano que tarde. Se siente muy identificado con el club y, aunque no es un canterano, actúa como tal. Amor por el escudo, aprendizaje de los veteranos, oídos bien abiertos y apoyo incondicional hacia sus compañeros. Su defensa de Vinicius ha sido una de las más contundentes en estas últimas semanas de tanto ruido alrededor del brasileño: «Es una persona increíble, con muchos valores. Dentro del campo trata de disfrutarlo, es su forma de ser. Así son los jugadores brasileños. Siempre digo que recibir tantas faltas en un campo es parte del juego y tenemos que defenderlo los compañeros. Otra cosa es el racismo y lo que pasa en los campos, tanta bronca… Es un chico de 22 años. Es que seguramente tiene la edad de los hijos de muchos que están en la grada. El folclore del fútbol es apoyar a tu equipo, pero cuando hay tanto lío con el mismo futbolista es porque igual tienen problemas en casa y se la agarran con un rival. Creo que Vinicius merece respeto».

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Author: Pablo Perez