La resistencia universitaria debe convertirse en fuerza de cambio

En la región se consolidan los gobiernos autoritarios y en Nicaragua se vive ya una dictadura alucinante. En Guatemala, nos sentimos apresados por una especie de totalitarismo del crimen organizado.

Para nadie es un secreto que el mundo ha sufrido durante los últimos años el embate feroz de las fuerzas del autoritarismo. En muchas sociedades, el neofascismo capitaliza los sentimientos de ira y ansiedad de multitudes que culpan a los extranjeros, a los rebeldes y a los disidentes de los males que ellos mismos provocan.

En Guatemala, se vive la propia versión de este huracán autoritario. ¿No han sido culpados de usurpadores los estudiantes en resistencia por el usurpador de la rectoría de la Usac? ¿No son acusados de afectar los derechos de todos los que se rebelan contra un orden que violenta los derechos de los más vulnerables?

El carácter acelerado del proceso autoritario paraliza a muchos conciudadanos. En la región se consolidan los gobiernos autoritarios y en Nicaragua se vive ya una dictadura alucinante. En Guatemala, nos sentimos apresados por una especie de totalitarismo del crimen organizado. Muchos guatemaltecos ya ni siquiera dudan que la derecha radical se impondrá en el próximo evento electoral. 

No fueron poco los guatemaltecos que anticiparon que el ensayo del fraude electoral nacional fue el robo de las elecciones en la Usac en la Universidad de San Carlos. Sin embargo, el experimento ha fallado. Lo muestra la reciente violencia que se ha ejercido contra los estudiantes por parte de pillos que se han instalado en la dirección de la Usac. Aunque golpeada y denostada, la resistencia ya ha triunfado porque ha quedado claro que Walter Mazariegos nunca será reconocido como rector. No importa que maneje el presupuesto: los usurpadores no tienen empacho en dilapidar el dinero que no les pertenece. 

¿Por qué la resistencia universitaria debe ser vista con esperanza? La respuesta radica en que demuestra que todavía existen fuerzas regidas por valores que evitan la implosión de nuestra sociedad. Ese germen de rebeldía ante la imposición mafiosa muestra que las fuerzas democráticas no han sido vencidas. Ese espíritu democrático demuestra que los valores siguen existiendo, aunque el Pacto de Corruptos haya decidido que estos no valen en nuestra sufrida tierra. Por eso, aún ante el miedo, la resistencia universitaria, amenazada por seres viles, muestra que el fraude no se ha consumado.

La resistencia nacional encarna un valor, puesto que es un deseo de vivir en la verdad. Este simple hecho posee una importancia política que puede cambiar lo que, a ojos de muchos, parece inexorable. Por esto, debemos apoyar los esfuerzos por impedir el proyecto de fraude electoral que cada vez muestra más su debilidad.

Más tarde que temprano, bajo la presión de la permacrisis, el mundo entenderá que hay que ejercer un mínimo de valores para sobrevivir como especie. Es necesario saludar los esfuerzos que intentan interrumpir el sueño de los corruptos. Ya contamos con el número suficiente de personas que el país necesita para salir de la pesadilla del descaro. El MLP y Jordán Rodas han hecho un trabajo bastante intenso en la esfera internacional para poder asegurar la integridad del proceso guatemalteco. Otros partidos están comprometidos con el bien del país, como es el caso de Semilla, el cual sostiene el legado luminoso de Arévalo.

Pienso que los actores democráticos deben unirse por el bien de un país que solo necesita las satisfacciones que brindan los sacrificios más nobles. Se trata de evitar que el fascismo ardiente, heredero de los señores de horca y cuchillo, siga en su esfuerzo de conculcar los derechos fundamentales de la población guatemalteca. 

Una señal de buenos horizontes es el compromiso internacional por mejorar la situación en el país. Los guatemaltecos democráticos apreciamos los esfuerzos de la comunidad internacional para lograr unas elecciones transparentes. No importan los reclamos de los grupúsculos fascistas del país. Al final muchos de los que patalean por el respeto de la soberanía no comprenden que los conceptos cambian con la historia. 







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Jorge Mario Rodriguez

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Author: Maria Suarez