Durante el año 2022 ingresaron a nuestro país US $ 18 millardos 40.3 millones, en concepto de remesas familiares, en tanto que el año 2021 ingresaron US $ 15 millardos 295.7 millones, es decir casi un 18 por ciento más. En 2020 se registraron US $ 11 millardos 340.4 millones, o sea un 60 por ciento de incremento en dos años.
En enero de este año, ingresaron US $ 1 millardo 386.5 millones, mientras que en enero del 2022 se recibieron US $ 1 millardo 180.7 millones, lo que supuso un incremento de US $ 205.8, es decir un 17.4 por ciento más.
Sin duda, la reducción consistente de la tasa de desempleo en los EE.UU., que, en enero pasado, se situó en 3.4 por ciento, ha incidido positivamente en la captación de mano de obra migrante, aunque preocupa que la tasa de inflación interanual, en diciembre de 2022, se haya situado en el 6.5 por ciento (en Guatemala la inflación se situó en 9.69 por ciento en enero de este año), así como la elevación sostenida de la tasa de interés, lo que representa una amenaza recesiva para la economía estadounidense y para el mundo entero.
Las remesas que nuestros migrantes envían a Guatemala representan cerca del 19 por ciento del PIB y un importante factor dinámico de la economía, cuyo PIB aumentó un 3.8 por ciento en 2022. De hecho, el monto anual de remesas familiares excedió, en más de US $ 2 millardos, el monto anual de exportaciones del país (US $ 16 millardos).
Se estima que en los EE.UU. residen aproximadamente 5 millones de connacionales, de los cuales la mitad son indocumentados, por lo que su estadía en los EE.UU. es inestable. De esa cuenta, darles permanencia y protección laboral debería ser objeto de un plan estratégico del gobierno guatemalteco. De ahí la importancia de que el Consejo Nacional de Atención al Migrante de Guatemala (Conamigua), haga seguimiento a la promesa del presidente de los EE.UU., Joseph Biden, en cuanto a habilitar el Estatus de Protección Temporal (TPS) para Guatemala.
En todo caso, cabe advertir que la banca internacional de desarrollo sostiene, con base en evidencias irrefutables, que el gasto público no ha redundado, en lo absoluto, en la disminución de la pobreza en los países latinoamericanos durante las últimas 3 décadas. Esto supone que, aunque los ingresos tributarios y el endeudamiento público han aumentado substancialmente en dichos países, los mismos, a través de la ejecución del gasto público, no se han traducido en un mejoramiento de las condiciones de vida de sus poblaciones. Por el contrario, se ha determinado que las remesas familiares, que reflejan el trabajo productivo de los connacionales privados en el extranjero, sí sacan de la pobreza. Luego, la incidencia positiva de las remesas confirma que únicamente el trabajo privado productivo puede sacar a la gente de la pobreza y evitar los clientelismos políticos, que son la base del intervencionismo y el estatismo.
Por supuesto, la emigración de connacionales no es lo ideal, porque conlleva la fuga de capital humano, que es una pérdida irremplazable para Guatemala, sobre todo por la gran inversión que hace la sociedad en su recurso humano (educación, salud, alimentación y demás) como factor clave del desarrollo económico y social.
Por ende, nuestro desafío principal radica en generar emprendimiento y empleo, que solo se logrará a través de promover la inversión productiva, alentar el emprendimiento, proteger y aumentar las fuentes de trabajo, apuntalar la innovación tecnológica y garantizar la necesaria seguridad jurídica, a fin de apuntalar el desarrollo económico y el progreso social.
