Esta semana se ha marchado el maestro y amigo Mario Aníbal González. Y se ha ido recibiendo los más profundos y sentidos homenajes locales, nacionales e internacionales, que un ser humano y un profesional integro puede lograr de los pueblos, los gremios, los estudiantes, los vecinos y la familia al final de la vida, luego de haber caminado dignamente durante 96 años sobre la faz de la tierra y contribuido con toda su capacidad y honestidad a los suyos, a la ciudad en donde nació y a su país, al que supo interpretar con criticidad, esperanzado en que las nuevas generaciones, con herramientas propias, responderían al momento histórico que les toque vivir para defender la justicia social, como medio fundamental para mantener un fino equilibrio de convivencia humana.
Mario Aníbal fue un profesional brillante del occidente de Guatemala, como la mayoría de su época, pero era de los pocos de su generación que aún sobrevivían y quien participó activamente durante más de cincuenta años en la vida universitaria y política del Siglo XX de Latinoamérica y quien nunca presumió de su agudo y profundo bagaje intelectual. Por el contrario, fue un hombre que se preparó y ejerció servicios en los campos de la económica política, la banca, la historia social, la administración pública, entre otros espacios en donde aportó. Además, se caracterizó por mantener un estilo de vida sencillo y austero, sin ninguna pretensión, lo cual fue un permanente reflejo de los principios y valores políticos en los que creía y que pregonaba dentro y fuera de las aulas o las instituciones en donde laboró.
Como profesional, formado con altos estándares académicos, pudo haberse enriquecido a lo largo de su vida retorciendo y explotando el capital académico que acumuló y convertirse en un arrogante referente impuesto, que para vivir hubiera demandado que su ego fuera permanentemente masajeado por un séquito de inservibles aduladores. Sin embargo, Mario Aníbal, optó por lo contrario, mantener los valores que heredó de su familia, de su pueblo, de su época y de los referentes revolucionarios con quienes trabajó hombro a hombro poniendo ladrillos de justicia, equidad y revolución democrática para su amada Guatemala.
Parafraseando a Gramsci, puede decirse que se ha marchado uno de los pocos intelectuales orgánicos que aún poseía la región centroamericana, quien nos enseñó que nunca debe descalificarse, perseguirse o castigarse a las personas por su forma de pensar, sino que, al contrario, en el campo de la construcción social y política, la lucha es en contra de las ideas. Mario Aníbal nos enseñó que a los seres humanos se les respeta porque, a pesar de cualquiera que sea su posición ideológica, son poseedores de dignidad como derecho inalienable.
Querido Mario Aníbal, de todo lo que aprendí de usted, me quedo con su consejo de que para impulsar el cambio social nunca deben esperarse las condiciones perfectas, porque esas no existen o nunca llegan, las condiciones las provocan quienes luchan con conciencia por el cambio al que aspiran o merecen.
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Irma A. Velásquez Nimatuj
Ph.D.
Antropóloga Maya K’ichee’.
Guatemala, Yucatan & Chiapas Program Director
Center for Global Education and Experience
Augsburg University.