Engaño silencioso

Por la libertad y la ciudadanía

¡Increíble! Cada año ocurre lo mismo. Inician las clases y ¡bum! Realidad al descubierto. De nuevo. Recorre la noticia por medios y periodistas. Aparentemente preocupados. Alarmados. Y ahí va la cámara. Enfoca el terreno enmontado, ingresa a un pequeño patio, close up en los esqueletos de escritorios haciendo su volcán. Las aulas derruidas con boquetes en el techo. Observamos, asustados. ¿Cuánto tiempo dura un susto? Desfilan los expertos en la radio. Inodoros sucios, infestados. Chorros que no traen agua. De energía eléctrica, ni hablar. ¡Tres años tuvieron para invertir! No lo hicieron. Ni siquiera maquillaje.

Pero no solo lo visible es preocupante. Ignorar necesidades es reproducir discriminación. ¿Aprenden los niños? ¿Qué aprenden?

La distribución desigual de la calidad y esa obsesión por apretar a la población estudiantil en un solo molde, han sido la base de un modelo educativo obsoleto. Absurdo. La apuesta cotidiana por la libertad y la ciudadanía aun no parecen ser parte de la agenda. Triste.

No basta con asistir a la escuela. Ni un aula bonita (aunque eso ayudaría). Hablemos del derecho a la calidad, pertinencia, eficiencia, eficacia y participación. A una escuela amable, con prácticas diversas y estrategias de inclusión. Desde la infraestructura, el clima organizacional, la administración y, por supuesto, la pedagogía. Donde la sensibilidad triunfe sobre la indiferencia. En pocas palabras: escuelas inclusivas, preparadas para atender de manera diferenciada a quienes lo necesiten.

Pero se percibe silencio, pérdida de recursos, falta de comprensión de los sistemas, falta de agudeza ante las miserias, nuevamente la caridad a cambio del derecho y de la justicia. Parches (si bien nos va), escasa presencia innovadora. No nos engañemos, el sistema educativo guatemalteco está hecho para expulsar. Sin garantizar continuidad para todos. Desigualdad.

No se ve la educación como aquella bisagra entre necesidades y oportunidades. No se ve. ¿Cuántos sin escuela de calidad? Los mismos. Los de siempre.

Si así están las escuelas por fuera, imagínese cómo estará la calidad. Por dentro. Sus entrañas calcinadas. Su corazón apagado. No solo ahora que es noticia. No solo ahora que se pone lupa a un dolor cotidiano.







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Anabella Giracca

En el campo de la lingüística y los derechos humanos con énfasis en pueblos indígenas y niñez. Licenciada en Letras y Filosofía. Autora de cuentos infantiles traducidos a idiomas mayas. Ha publicado Demasiados secretos (Alfaguara, 2009 y Punto de Lectura 2014), Sanjuana (Alfaguara, 2012), El enigma del santuario (Alfaguara juvenil, 2014) y Gitana mía (Alfaguara, 2015).

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Author: Maria Suarez