Mis respetos para Amnistía Internacional

La jueza Laparra es prisionera de conciencia y debe ser liberada.

En muchos países del mundo, Amnistía Internacional -AI- se convirtió a lo largo de los años en el referente para saber cómo se comportaba el tema de los derechos humanos. En la mayoría, en cada ocasión que amnistía intervino para pedir información o para denunciar el estado de algún prisionero político, o para señalar las extendidas violaciones a los derechos humanos, fue siempre denostada por las fuerzas que ocupaban el poder.

Las violaciones a los derechos humanos y la intervención de Amnistía Internacional tuvieron siempre como contraposición la defensa de la soberanía. Los más atroces dictadores se escudaron en la defensa de la soberanía para ejecutar sus políticas de violaciones extendidas a las libertades ciudadanas. En ese contexto, uno del los principales objetivos de amnistía fue siempre la protesta puntual por la existencia de lo que denominó “prisioneros de conciencia”, o sea todos aquellos que iban a prisión por ser considerados enemigos del régimen el poder. La lista es gigantesca.

Por estas razones, las demandas de liberación siempre fueron dirigidas a los prisioneros que por su manera de pensar y de criticar a los gobiernos en el poder, sin tener legitimidad hay que decir, habían sido aprisionados. Por razones políticas, por hacer críticas políticas, que como todos sabemos, son parte de los componentes de eso que denominamos democracia o estado de derecho. Y Amnistía lo hizo siempre si detenerse a pensar en las posturas políticas o ideológicas de sus defendidos. Bastaba que fueran presos por sus ideas. Nada más.

De ello pude tener una experiencia que dice con creces la imparcialidad y la objetividad de esa institución, mundial lamentablemente, debido a que las violaciones a los derechos humanos son corrientes en todo el mundo. A pesar de las declaraciones o de los pactos y convenios internacionales, siempre hay el deseo de suprimir la oposición política, las libertades ciudadanas. Es la línea delgada que separa el autoritarismo en sus diferentes formas con todo lo que significa derechos humanos universales.

La experiencia que relato fue de participar en un foro organizado por AI, con un tema: las violaciones a los derechos humanos en Guatemala y la URSS. Era la época de las dictaduras militares en Guatemala y de las prácticas de genocidio, y de la aún existente URSS con todas sus políticas represivas a la oposición. Por la URSS era un opositor que vivía en el exilio, por Guatemala, otro opositor igualmente en el exilio.

El ente que convocaba, daba así una muestra de equilibrio, de objetividad. Es necesario apuntar que, en cada caso, un equipo de investigadores había hecho su trabajo. Para cada país, para todos los casos. Por ello, desde entonces, veo con simpatía las gestiones de Amnistía Internacional en nuestro país o en China. En Nicaragua o en Argentina. Se han ganado a pulso una reputación que ennoblece a sus integrantes y da valor a sus causas. Ya sabemos que no improvisan.

Ahora la negativa de algún organismo de estado guatemalteco que negó el ingreso de Amnistía para una entrevista con la jueza Virginia Laparra, solo empequeñece a quienes dieron la negativa. Amnistía seguirá haciendo de las evidentes violaciones a los derechos fundamentales de la jueza Laparra, un caso de reflexión mundial. De algo se puede estar seguro: Virginia Laparra, más tarde o temprano, obtendrá su libertad, su causa será motivo de estudio en el mundo por las violaciones a los derechos humanos y al ejercicio de la carrera judicial. Y quienes hoy se niegan a la visita de Amnistía Internacional, vivirán en medio de la repulsa ciudadana.







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Miguel Ángel Sandoval

Sociólogo, periodista, escritor. Fue negociador de la paz, activista social, en lucha constante por un país justo, con oportunidades para todos. Odia la corrupción y la impunidad.

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Author: Maria Suarez