Mirada y carlotas

La próxima semana arranca el período en las elecciones autorizado para anunciarse los candidatos, lo que implica que la sarta de ataques e insultos anónimos que hemos venido escuchando en las redes sociales se recrudecerá, sin la excusa de afiliación, dándonos la ventaja de eliminar de la contienda a quienes en lugar de proponer y exponer sus planes, se limitan a insultar a sus oponentes.   Quienes no tienen una idea de lo que hay qué hacer, creen ser dueños de la verdad en lo que respecto al no hacer, que es lo que seguramente terminarían haciendo de alcanzar el puesto, porque se hace evidente que no tienen ni la mínima idea de lo que se requiere.  

Los ataques se van contra las personas, destacando la falta de honorabilidad de quienes insultan y de los insultados, lo que deja a los espectadores sin aliento, porque el panorama se percibe confuso.

Lo deseable sería que cada prospecto se presentara, se diera a conocer tal y como es, dejando a los ciudadanos el espacio para juzgar y elegir, no por lo que dejan de hacer otros sino por lo que ellos contemplan hacer, y eso que el voto no está directamente conectado con la obra que se ofrece hacer, porque tal cosa puede cambiar en el camino porque la vida es móvil y hay que saber adaptarse a las necesidades.   Un cataclismo como fue la pandemia, cambió los planes de las personas, los comerciantes, los industriales y los políticos.  Nuevas prioridades se impusieron, y lo que se debe apreciar es cómo las instituciones públicas reaccionaron ante el imprevisto, y si salieron triunfantes o disminuidos.  De la pandemia ya nadie quiere hablar, para sentir que desapareció, pero sus efectos seguirán por varios años afectándonos.  

Lo que no falla es el juicio de la gente, que al ver la cara de un candidato le cala el alma con profundidad y adivina el beneficio o daño posible que su presencia traerá al país.   La mirada va más allá de las palabras, de los anuncios, de las promesas.   Y el ser humano es capaz de un vistazo de tachar a los contrincantes, adivinando el futuro.   

Pronto los candidatos mostrarán sus carotas en la vía pública, los postes serán vitrina para que vayamos juzgando a las personas, así que a borrar del mapa a los de mirada peligrosa, para elegir al mejor prospecto.

Acudiré a las urnas en junio a cumplir con mi obligación cívica, votando en las papeletas por el rostro de quienes me hablen con seriedad, formalidad, disposición al sacrificio en el servicio público, y no voltearé a ver a quienes se degradan atacando a los demás como única fortaleza propia, porque no me parece que sea digno nadie que se vende ensuciando a otros.  Y para las boletas que no llevan rostros, votaré por el partido de quien elegí para gobernar, sean quienes sean, porque no tiene sentido escoger a alguien y dejarlo en manos de las serpientes.   Hay que elegir y darle poder al gobernante, o seguirán mandando las negociaciones y la corrupción.

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Author: Maria Suarez