Pekín mueve el tablero

Un año ha pasado desde que el macabro canto de las sirenas antibombas se volviera a escuchar en el viejo continente. Lo que se pensaba materia para el estudio de los historiadores, es hoy una realidad. Una guerra de alta intensidad se desarrolla, en el corazón de Europa, entre rusos y ucranianos. Las imágenes mortíferas de la tragedia llegan a los hogares en formas novedosas, pero siguen siendo las mismas de siempre: destrucción, dolor y muerte.

Los motivos esgrimidos por Rusia para justificar la invasión han sido de los más variados. Yendo desde reinvidaciones territoriales, hasta acusar de “nazificación” a Ucrania. Sin embargo esas son excusas. La verdadera razón estriba en intentar demostrar al mundo que siguen siendo la única potencia de la zona euroasiática; y que por ello tienen derecho a imponerle condiciones a todos sus vecinos, especialmente a quienes formaron parte de la URSS.

La actitud de Moscú se vio alentada por la pasividad que, en los últimos 30 años, Occidente había mostrado ante sus operaciones militares. Ya que durante las dos guerras de Chechenia, la guerra Ruso-Georgiana, así como la ocupación de la península de Crimea, Rusia impuso su superioridad militar sin mayores consecuencias; pese a que durante las mismas fueron evidentes las atrocidades cometidas. Lo mismo ocurrió durante su intervención en Siria, que además sirvió para darle nuevos brillos y prestigio a su ejército. De esta forma, con puño de hierro y sin demostrar mayor respeto por el Derecho Internacional, finalmente volvía a jugar en la mesa de las grandes potencias militares luego de su debacle en Afganistán. 

Hoy, a un año de iniciada la invasión, cada día que pasa, Putin se afianza en el territorio ucraniano. Como buen estratega, conoce bien los tiempos de “Marte” y por eso sabe que el tiempo juega a su favor. Confiado en que ninguna potencia desea una escalada en el conflicto y que sus recursos, especialmente el humano, son superiores a los de su rival. Interpreta que la sangre rusa derramada es el precio que se debe pagar por la victoria. Vale la pena recordar que, históricamente Rusia ha ganado sus principales batallas gracias al número de sus tropas. Un ejemplo de esto es que para poder desfilar victoriosos por la puerta de Brandemburgo en el 1945 sus muertes fueron 7 veces superiores a las alemanas  Por el contrario, el tiempo apremia para Zelensky.

Después de Ucrania los más interesados en finalizar pronto esta guerra son los países europeos. Ya que sumado a los altos costos de seguir enviando apoyos al país invadido, deben cuidar que no se genere inestabilidades en sus fronteras y controlar el precio del gas natural y otras materias primas. Otro factor que deben cuidar es mantener apagadas viejas rencillas nacionalistas que son atizadas por grupúsculos de extremistas y podrían ser orquestadas por Moscú.

Pese, a ser solo cinco los estados que apoyan a Rusia, estos existen, aunque algunos sean de los más polémicos y no gocen de la mejor reputación en Occidente. Sin embargo, el hecho que de momento 35 países se abstengan de condenar a Moscú no debe tomarse a la ligera. Todos estos, conocidos como del hemisferio Sur, albergan a más de la mitad de la población mundial. Todos ellos fueron parte de los imperios coloniales europeos y han sufrido la violencia de la guerra en carne propia, no se sienten mayormente identificados en el que consideran una conflicto entre europeos. Destacando en este grupo las potencias Irán, India y China.

Esta última, durante el año que ha durado la guerra, se ha mantenido neutral. Pero para nadie es un secreto que es un estado muy allegado a Moscú. Luego del silencio, en la última semana modificó su posición al presentar una propuesta de plan de paz. Sin embargo, de momento esta no afecta en nada el curso de las acciones y más parece una carta de buenas intenciones promoviendo la abstención de uso de armas nucleares, el respeto de la integridad territorial de las partes, así como privilegiar el dialogo.

Lo que sí ha llamado la atención es su posición cada vez más virulenta en relación a los EE. UU. Manifestando que Occidente debe abandonar su mentalidad de Guerra Fría y criticando a la OTAN por su expansión al Este a criterio de Pekín, injustificada. China movió el tablero. Comienza así a tomar el protagonismo que reclama en la solución de la guerra.  Al final de la misma todo esto le catapultará como la gran potencia en oposición a Occidente.

La guerra continúa con su cauda de dolor y muerte. En estas condiciones no se vislumbra una pronta solución. Las partes consideran que no pueden negociar mientras estén en posición de desventaja. Rusia no lo hará hasta que obtenga un control sólido de las posiciones en Ucrania. Zelenski, por su parte, indica que hasta que no se restablezcan sus fronteras. La pregunta es ¿serán las de antes de la invasión de febrero del 2022 o las de 2014? Lo que sí es un hecho, es que en caso de negociar, ambos deberán ceder en sus posiciones y sacrificar mucho. De lo contrario, será una guerra de aniquilación como no se ha visto desde hace muchos años en ese rincón de la tierra


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Author: Maria Suarez