Después de un largo viaje del otro lado del mundo siento un “finalmente” regreso a Guatemala. Después de la caótica bienvenida al Aeropuerto Internacional La Aurora, donde las colas para pasar por migración equivalen al tráfico de la capital y la atención de muchos funcionarios equivale a la atención de los diputados al pueblo guatemalteco, transito las calles con el rudo despertar que es la campaña política.
El clásico tapizado en los arriates y postes de las principales calles y avenidas del país nos vuelve a visitar y la cartilla de lotería, perdón, el listado de candidatos de presidente se hace presente de nuevo, después de las decisiones ambivalentes de un Tribunal Electoral que, al igual que los recientes se esfuerza por no querer ser Supremo. Pero lo bueno de esta ausencia es que, a pesar de no ser lo ideal, tiempo hay, menos de tres meses, pero que es un tiempo en el que debe haber un interés inmediato en el por quién votar. En este sentido se han presentado plataformas interesantes en internet que presentan datos y antecedentes de los candidatos, así como varios medios digitales podrán presentar análisis similares y Prensa Libre queda como el medio impreso que presentará información seria. Una vez supere mis cambios de horario seré más específico sobre estos medios.
Otro punto fundamental es pensar en qué ofrecen los candidatos y qué tan factible es que lo cumplan. Una cosa es decir nuevas aulas, mejor salud o cadena perpetua o pena de muerte a los mareros, otra muy distinta pero más importante es decir cómo piensa hacer eso dadas las condiciones legales del país. Ahí es donde la mayoría o todos son incapaces de hilvanar una oración. Haciendo un repaso hay nuevamente un pelotón de partidos de derecha conservadora similares a los gobiernos del Partido Patriota de Otto Pérez Molina, al FCN – Nación de Jimmy Morales y al actual gobierno de VAMOS de Alejandro Giammattei. ¿Por qué hay tantos y no solo uno? Pero más importante, qué es lo que los diferencia. Lo mismo pasa con la izquierda, aunque sean menos partidos y muchos dicen o prometen lo mismo, todos están separados. Todos, sean de derecha, medios centros o izquierda, nadie discute sus diferencias de fondo. ¿Cuáles son sus propuestas? Unos las pueden dejar claras: menos inseguridad, más oportunidades de trabajo, NO al llamado Pacto de Corruptos y así sucesivamente… pero pregúnteles cómo van a hacer eso y luego que expliquen cómo materializan eso en términos reales.
Entrando en un momento de cambios en este 2023 con adversidades pero que pueden ser oportunidades, la pregunta de rigor a los candidatos no es qué esperar de sus cuatro años de gobierno, sino más bien, ¿qué pilares piensa construir hoy para hacerle frente a la década de los 30s? Las respuestas a esas preguntas son un primer síntoma al tipo de candidatos que tenemos: ciudadanos comprometidos o los busca huesos de siempre.
@robertoantoniow